Maria Reina de la Paz

 

por Silvia Cabrera

 

La fiesta de "María Reina de la Paz", comenzó con una pequeña estatua de la Virgen, propiedad de un noble francés.  Bajo el reinado del Rey Enrique III, la pequeña estatua se le regaló a los Capuchinos, los cuales la colocaron encima de la entrada de la Iglesia de su Monasterio, en la ciudad de Paris, Francia.  Esto lo hicieron con la idea de que ella protegiera su casa.

El día 22 de Julio,1651, un grupo de niños cantaron el "Salve Regina" frente a la imagen de María.  Al continuar esta práctica, la gente comenzó a unirse a ellos y, en esta forma se desarrolló una costumbre piadosa.  Cuando sucedieron los primeros milagros, sobretodo, milagros de curas milagrosas, la pequeña imagen recibió un lugar de honor dentro de la Iglesia.  En Julio 9, 1657, sucedió algo sensacional con al cura espontánea del Rey Luis XIV.  La cura fue atribuída a la interceción de la Virgen, la cual, desde el principio había sido venerada bajo el título de "Reina de la Paz".  En agradecimiento el Rey construyó una capilla nueva y más grande al lado  de la Iglesia de los Capuchinos.  El día del promer aniversario de la cura milagrosa del Rey, la pequeña imagen de gracia se trasladó a la nueva capilla.  En el mismo año, la Congragación de Ritos, aprobó la fiesta en honor a la "Reina de la Paz".

Cuando los Capuchinos fueron despersados durante la Revolución Francesa, algunos laicos valientes

salvaron la imagen de las manos de los revolucionarios.  Hasta hoy día, la

imagen permanence en la iglesia del Monasterio de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús y de María en Paris, Francia.

Vemos cómo la Madre de Dios se nos presenta como imagen maravillosa de un ser humano totalmente redimida.  La descubrimos así, no sólamente para admirarnos y regocijarnos en su grandeza, sino, que queremos reflejarnos en su imagen.  Queremos saber lo que la gracia redentora obra en nosotros seres humanos tan superficiales.  La Madre de Dios se nos presenta como singular y brillante señal de redención, de paz y Victoria!

¡¡UNA SENAL DE PAZ!!  Y yo, ¿Qué soy?  No solo debemos pronunciar estas palabras, sino reflexionar en ellas. ¿Qué soy yo en mi familia?  ¿Qué soy en mi lugar de trabajo?  ¿Soy señal de paz?  ¿Creo una atmósfera de paz dondequiera que voy?  ¿Tengo paz en mi corazón?  ¿O solamente pretendo?  ¿Soy señal de discordia revolucionando el ambiente en que me encuentro?  Algunas personas son señal de revolución. Han nacido revolucionarios encarnados.  Me pregunto si cada uno de nosotros es también más o menos  una señal de discordia.  ¿Qué es lo que la gracia redentora debe hacer en nosotros?  Creo que nos debe formar poco a poco en señales de paz y amor.



Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.

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