Tema:

María en los Apócrifos

Padre Antonio Larocca smc


Presentación

La Iglesia en su desarrollo en los tiempos apostólicos se mueve a partir del anuncio de Jesús muerto y resucitado y anunciado a los judíos, hacia dos líneas de acción: primero que el anuncio del mensaje evangélico no está ligado a Jerusalén y segundo que no es necesario hacerse judío para ser discípulo de Jesús. Esto implica unas rupturas y unas aperturas a la vez que sellan el camino incipiente de la vida apostólica y de los primeros seguidores de Cristo. A su vez dos acontecimientos históricos marcan el proceso histórico eclesial: la persecución de Nerón en el año 64 y la destrucción de Jerusalén el año 70.[1] El sentido apologético y el aspecto difusivo emergente de la nueva religión sellan el desarrollo de la tradición oral y seguidamente escrita de los textos cristianos. En este contexto teológico-histórico de los primeros siglos comienzan y se desarrollan diacronicamente, y con diferentes pautas pero correlacionadas entre sí, los textos de contenido evangélico neotestamentario, la tradición apostólica y sub-apostólica, la tradición patrística y los escritos apócrifos.

1. Que se entiende por Apócrifo

El término apócrifo originalmente se refería a lo que era de carácter sagrado y que no se podía leer en público.[2] Existen textos conocidos del judaísmo que fueron reutilizados en clave cristiana y que hacen también parte de la literatura apócrifa. Cómo por ejemplo la Ascensión de Isaías y la literatura apocalíptica judía.[3] Posteriormente el término fue utilizado para diferenciar lo que era el canon oficial aprobado y reconocido. El corpus de los apócrifos cristianos es heterogéneo pero sigue la las cuatros formas neotestamentarias básicas: el evangelio, los hechos, la carta y el Apocalipsis.

H. Koester[4] afirma que históricamente hay apócrifos que fueron compuestos de forma temprana posiblemente contemporáneos a los escritos neotestamentarios que pueden ayudar a reconstruir históricamente los orígenes del cristianismo.[5] Desde allí pudo arrancar la campaña de divulgación de otro Jesús, un Jesús esotérico contrapuesto al Jesús de la Iglesia más de origen sectario en el ámbito judeocristiano jerosolimitano, que propiamente relacionado a la tradición apostólica.[6]

Hay una influencia de tipo gnóstica[7] en algunos textos apócrifos cuando presentan la figura de Jesús y sus enseñanzas que no concuerdan con la tradición apostólica, ni con el auténtico sentido del Hijo de Dios, de su misión, del misterio de la Iglesia y de su doctrina. De toda manera los algunos evangelios apócrifos contienen ciertas verdades amplificadas o fantasiosas mientras que otros contienen falsedades que quieren convencer acerca de las herejías que defienden.

El interés de los escritos apócrifos en relación con el Nuevo Testamento ha ido aumentando progresivamente, sobre todo a partir de la tesis de W. Bauer que plantea el pluralismo radical del cristianismo primitivo dado que sólo a partir del IIº siglo es que empieza a delinearse la diferenciación entre ortodoxia y herejías.[8] Para Manuel Testa la literatura apócrifa refleja muy raramente doctrinas heréticas. Está fundada, más bien, en la tradición oral y escrita guardada por los movimien­tos esotéricos de matriz judeo-cristia­na y encratita.[9] De aquí que penetrase también entre los fieles de la Gran Iglesia, sobre todo en la liturgia, en el arte y en la devoción.[10]

El grupo ecuménico de Dombes toma en cuenta el aporte mariológico de la literatura apócrifa mencionando un detalle importante para su comprensión e influencia en especial con respecto a la tradición asuncionista: “De hecho los apócrifos fueron muy utilizados aún sin ser (directamente) nombrados”.[11] Pero añade el documento del grupo que muchas veces también los apócrifos fueron utilizados sin prudencia en valorar pureza de María, sus virtudes y milagros de manera que se pudo falsear el sentido de la maternidad del Hijo de Dios exagerando más el aspecto de maternidad divina que el de misterio encarnado, casi sin compartir nuestra condición humana. Esto pondría, a su juicio, en tela de discusión teológica cual sería en realidad la humanidad asumida por Cristo y redimida en la cruz si María tiene condiciones casi divinas y no humanas.[12]

Actualmente la valoración de los apócrifos busca de mantener objetivamente un criterio de equilibrio entre el aporte como literatura cristiana contextual de la Iglesia de los primeros siglos que arroja muchos aportes interesantes y la crítica tradicional de escritos que contienen elementos poco probables o erróneos (herejías) con respecto a la verdadera tradición apostólica y de los Padres de la Iglesia. Hay estudios que han querido aplicar el método de análisis narrativo que se utiliza a nivel de exégesis bíblica para también utilizarlo en el estudio de la literatura apócrifa.[13]

Por lo tanto se puede diferenciar entre los apócrifos del Antiguo Testamento y los Apócrifos del Nuevo Testamento[14] y dentro de los textos del NT se puede establecer a su vez una subdivisión general de los textos Apócrifos del Nuevo Testamento: Textos fragmentarios: Evangelios Apócrifos perdidos, Fragmentos papiráceos, Apócrifos de la Natividad, Apócrifos de la Infancia, Apócrifos de la Pasión y de la Resurrección, Apócrifos asuncionistas, Cartas del Señor, Apócrifos Gnósticos de Nag Hammadí.[15]

2. Paso del género literario evangélico al género literario apócrifo (hagiográfico)

A partir de los evangelios de la infancia de Mateo (cap. I-II) y de Lucas (cap. I-II) que trasmiten el acontecimiento central de la salvación de  la encarnación y lo presentan como la realización histórica de las promesas mesiánicas, se desarrollan en textos apócrifos muchos temas mariológicos bajo forma de leyendas, narraciones en parte fruto de la fantasía popular como con referencia a los textos neotestamentarios que dependían de un núcleo histórico principal. Estas elaboraciones literarias eran desarrolladas al estilo del Midrash Pesher.[16]

Los padres griegos de la iglesia a lo largo de los primeros siglos escribieron tratados teológicos buscando de explicar el misterio de Cristo y de la Iglesia y utilizaron el testimonio de María virgen y madre para poderlo aclarar. Inclusive la proclamación en Éfeso (431) de María madre de Dios tenía una función cristológica al explicar el misterio de la concepción del Hijo de Dios verdadero hombre y verdadero Dios, dos naturalezas y una persona, verdaderamente nacido de María virgen como se aprecia en la Carta a los Esmiotas de San Ignacio de Antioquia (entre el final delIº y final del IIº siglo). El sentido eclesiológico de la maternidad virginal y mística quedaba explicado sobre todo los padres latinos como Ambrosio y Agustín.

En la literatura apócrifa dedicada a María se toma otro recorrido: la figura principal sigue siendo Jesús, pero en especial se trata de la persona de María su madre y esposa de José y de sus relaciones con el ambiente familiar-social y de la cultura judáico-mesiánica. La figura de María aparece como la depositaria (ParatheΚe)[17] del primer misterio por el principio de correlación [18] que la une a la revelación del misterio de Cristo y de la Iglesia.[19] Esta traslación literaria en los apócrifos mariológicos de la figura de María con respecto a la centralidad de Jesús, en los apócrifos se mantiene, sin asumir las exageraciones legendarias a veces presentes, dentro de un carácter subordinado a la mediación de Cristo.[20] Se puede pensar entonces, a partir de una lectura con un orden cristológico-eclesiológico central subyacente, que existen dos elementos que resaltan:

  1. El primero se refiere al contenido en sí mariológico que trasparenta la figura evangélica de María como la Hija de Sión, que abre el paso a la comprensión de la nueva mujer, es decir Nueva Eva que los primeros Padres utilizaron. Ambas figuras se relacionan con el movimiento mesiánico subyacente en los evangelios, y dan razón del cumplimiento de las promesas sobre la virginidad y de la maternidad de María.[21]
  2. El segundo se refiere al estilo narrativo[22] más de acorde al uso de agregar en el texto básico interpolaciones de leyendas tradicionales que facilitaban la comprensión y la aceptación en los medios populares del mensaje de salvación cristiano y mostrar así, en un cierto sentido, el sentido apofático del Dios escondido y misterioso.[23]

Esta genero literario utilizado y aplicado a la narración de la vida de Cristo y de María y de los apóstoles forjó la floración de escritos donde se fraguaron la presentación de acontecimientos, personajes subordinados y a su vez relacionados a la vida de Cristo, como por ejemplo: José, Ana y Joaquín, Belén, la comadrona, los pastores, el viaje a Egipto, la estancia en Nazaret, la comunidad apostólica entre otros. Estos escritos manifiestan su conexión con elementos tradicionales a veces reales, a veces imaginativos, y que explican de forma maximizada una cierta participación al misterio central.

En estos manuscritos se trata de la prehistoria de María, su nacimiento, su infancia, educación, su matrimonio, su vida con el Niño Jesús, posteriormente su presencia a lo largo de la misión de su Hijo, su pasión, muerte, sepultura y resurrección. Sobre todo se trata del rol de María en la Iglesia primitiva, de su muerte y asunción (la tradicional dormición de María), y de su maternal intercesión en especial por las ánimas en pena.

Los más famosos entre otros son: el Protoevangelio de Santiago ó Natividad de María, el Transito de l a B.V. María de José de Arimatea, los Oráculos Sibilinos, la Historia de San José el carpintero, la Dormición de la Santa Madre de Dios de Juan el Teólogo. Estas temáticas mariológicas son presentadas de forma popular y de manera cónsona a la naciente devoción mariana desde la primera Iglesia y, a pesar de algunos elementos fantasiosos y legendarios, en armonía con la teología oficial. 

3. Pase del modelo apócrifo al modelo gnóstico sapiencial

La literatura apócrifa de contenido mariológico muestra como anillo de la misma cadena una diacronía con respecto a los evangelios anteriores  y con respecto a la producción teológica contemporánea y posterior de los Padres.

Del Nuevo Testamento se desprende el testimonio de la santidad de la Virgen María y el ejemplo personal ha sido puntualizado por los evangelistas con las referencias mariológicas a lo largo de la vida de Jesús y de la Iglesia naciente. Para Stefano de Fiores en el modelo narrativo apócrifo la figura de María es presentada como santa, virgen, protagonista de la salvación y bendita por siempre.[24] Después de su muerte y asunción en cuerpo y alma a los cielos, aunque no exista una referencia directa a estos acontecimientos, si se pueden descifrar desde la grandiosa simbología de la Apocalipsis cap, 12, 1-17 cargada de un gran significado soteriológico, escatológico y eclesiológico que Pablo explica específicamente en su doctrina del destino final y la naturaleza gloriosa de los cuerpos resucitados y que posiblemente a su vez reflejan el acontecimiento asuncionista original.

La larga tradición de homilías de contenido asuncionista en especial de los Padres Bizantinos (Andrés de Creta +720, Germán de Constantinopla +733, Juan Damasceno +749), y de los últimos padres como Romano El Melodas y San Ildfelfonso de Toledo muestran la importancia de la intercesión maternal de María Asunta en la obtención de las gracias.[25]

Desde la realidad nuclear exégetica de María en la historia de la salvación según la teología del Nuevo Testamento,[26] se va entretejiendo en los primeros siglos (II-VIII) una reflexión articulada sobre el misterio de la encarnación, su virginidad y maternidad la ubicación histórico-salvífico de María, que explican el misterio de la naturaleza divina y humana de Cristo su Hijo y el papel eclesial de la Virgen. Para De Fiores se habla de un modelo gnóstico-sapiencial que presenta a María como Nueva Eva y Santa Theotokos.[27] De esta manera se pone en evidencia la existencia histórica desde el comienzo del movimiento cúltico-espiritual del culto mariano, a su vez relacionado con la presencia de la dimensión mariologica en la literatura apócrifa y en la producción patrística.

4. Claves de lectura mariologica en el desarrollo de la literatura apócrifa

El tipo de desarrollo literario religioso que emerge de los textos apócrifos mariológicos, aunque no emita conceptos teológicos como tales, en general se puede entender viendo a la figura virginal y maternal de María, que sobrevivió por un tiempo a la muerte de su propio Hijo como el  punto de referencia cristológica y eclesiológica en las comunidades cristianas de los primeros siglos, hecho que retribuía el sentido de pertenencia filial-fraternal de sus miembros.

Se pueden observar dos polos de referencia mariológicos en la Natividad del Señor y en la Asunción de la Virgen Madre, y desde allí captar el sentido diacrónico y sincrónico de los relatos apócrifos dentro del marco de la Historia de la salvación. Los elementos legendarios o inventados sirven para complementar y completar la visión de conjunto que abarca desde la concepción de María hasta su presencia maternal en el cielo el sentido teológico-histórico-legendario del itinerario escatológico que une María a su pueblo, al Nuevo Israel y a la humanidad en general.

Se pueden analizar dos claves de lectura para comprender el significado profundo de la literatura apócrifa mariologica:

  • Una primera clave de lectura interpretativa de corte histórico salvífico cristológico, sigue el mismo movimiento del género literario evangélico que se articula desde la presencia de María en la concepción-anunciación de Cristo, en el nacimiento, en la infancia, en la vida pública, la pasión, muerte, resurrección de Cristo, en Pentecostés con los apóstoles, hasta la visión de la mujer parturienta y del Niño de la Apocalipsis que implica la glorificación final de su asunción en cuerpo y alma a los cielos relacionada plenamente con la maternidad de Cristo y la misión de la Iglesia.

Esta lectura se mueve de atrás hacia delante en un sentido diacrónico siguiendo el orden natural de la vida, en donde se va desenvolviendo el orden sobrenatural. Esto mistagógicamente ayuda a la comprensión de la hilación de los acontecimientos y muestra en paralelo los momentos de la vida de María: la concepción, nacimiento, infancia, educación, virginidad y esponsalidad.

  • Una segunda clave de lectura interpretativa eclesiológica-mariotípica al revés arranca su lectura hermenéutica a partir de la muerte de María y su asunción relacionada con Cristo resucitado, para llegar a la valoración plena del misterio de la encarnación redentiva en el acontecimiento pascual. El acontecimiento inicial de la anunciación-encarnación fue razonablemente entendido, vivido y explicado en relación a la realidad pascual de Jesucristo que aclaraba la asunción de la madre.

De todas maneras lo que es cierto que los testigos presenciales partían de un hecho innegable para ellos: es decir el testimonio de vida de la Virgen María en la comunidad post-pascual. Se considera en general que ya en vida la persona de la Virgen madre gozaba en la comunidad de los seguidores de Cristo de una especial consideración y respeto, como se desprende por ejemplo de la exclamación puesta en los labios de Isabel en la Visitación del evangelio de San Lucas “la Madre de mi Señor” (cfr. Lc 1, 45; 1, 48; 11, 27) y que parece ser vestigio de la forma eulógica de reconocimiento de María propia de la etapa pre-pascual reflejada posteriormente.[28]

5. Subdivisión de la dimensión mariologica de la literatura apócrifa

Stefano de Fiores presenta la figura de María en los primeros siglos según un modelo narrativo-apócrifo.[29] Tomando como eje de lectura el desarrollo evolutivo histórico de la narración debido a la característica primariamente narrativa de los apócrifos, Manuel Testa[30] propone se puede subdividir los apócrifos mariológicos en las siguientes agrupaciones siguiendo las etapas de su vida:

  • La prehistoria de María y su educación

    El Protoevangelio de Santiago trata de la vida de María desde su concepción hasta su matrimonio. La narración habla de los padres del Virgen, de cómo ellos con oraciones y ayunas pudieron concebir su hija, y como se esmeraron en su educación, en especial enviándola al Templo en el colegio de las vírgenes donde los sacerdotes se preocuparon de cuidar de su pureza y de su compromiso matrimonial con un descendiente de la estirpe de David, el anciano José, según un matrimonio putativo y espiritual, así como se desarrolló en el ámbito de algunos grupos místicos herederos de las tradiciones hebraicas. Este mismo tema se puede encontrar en el Evangelio de PseudoMateo (siglos VII-VIII), en el libro de la Natividad de María (846-849), en el Evangelio Árabe (siglos VI-VII) y en la Historia de José el Carpintero entre 600-650.

  • La maternidad virginal de María

    El mismo Protoevangelio de Santiago trata de la Anunciación que se desarrolla en una fuente de agua de Nazaret y en la casa de María y de forma sobrenatural. El momento del nacimiento de Jesús se da en una gruta mientras acontece con la manifestación de Dios Padre que lo proclama como Hijo suyo. También se presenta María llorante y sonriente por los dos pueblos que se iban generando en la medida que se aceptaba a su Hijo o no. El Evangelio de Bartolomé le da el significado profundo a estos acontecimientos explicándolos en función de la salvación del mundo.

  • María en el día de la Resurrección

    La presencia de María en el misterio Pascual no solo se refiere a episodio al pie de la cruz sino que además en los apócrifos se refiere a las apariciones del resucitado. Según el Evangelio de Bartolomé y el Evangelio de Gamaliel el Señor se le aparece a su madre primero y después a Magdalena y Pedro, encomendándole avisar a sus discípulos.

  • María en la Iglesia naciente

    María sobrevive a Jesús el Señor y así como lo relata el libro de los hechos comparte la vida y la oración de los discípulos, En apócrifo El Transito Romano y en el Evangelio de Bartolomé se describe su papel de guía, de educadora en la fe de los apóstoles, como madre y discípula.

  • Muerte y Asunción de María

    Según el experto Testa[31] existen las trazas de una tradición oral del II siglo sobre la asunción de la Virgen en la comunidad de Magdala por parte de unos familiares parientes descendientes de la Virgen de tendencia ebionita[32] la celebración en Getsemaní de la Traslación de la Gran Pariente enterrada en ese lugar en una gruta próxima a la gruta de la prendición de Jesús y del huerto de los Olivos. Además se intercalaban en la narración elementos teológicos de la tradición judía con otros de angelología que relacionaban la traslación de María con la Henoc y Elías. Posteriormente los Padres Griegos y Latinos de los siglos V-VII fueron purificando o eliminando estos elementos y así fundamentaron doctrinalmente la Asunción de María así como la doctrina la presenta.[33]

    Con respecto a la tradición escrita los primeros documentos que relatan la asunción de la Virgen son los textos apócrifos llamados Transitus Mariae cuyo núcleo originario se puede ubicar entre el siglo II y III.[34]

  • La intercesión de María en el Cielo

    El Apocalipsis Apócrifo de la Virgen (de Nuestra Señora) presenta la intercesión de María ya asunta a los cielos y de los elegidos para la suspensión de las penas del purgatorio en especial entre Pascua y Pentecostés.[35]

6. Importancia de los Apócrifos Mariológicos

Se puede decir que la importancia de la dimensión mariana de los apócrifos radica en el aporte al crecimiento inicial de la devoción mariana y de la narración cristiana, que marca a su vez el desarrollo progresivo de la doctrina patrística.

Partiendo de estos elementos históricos de la Vida y Pascua de Jesús y la Vida y Asunción-Pascua de María,[36] se puede subdividir el aporte apócrifo mariológico en tres momentos históricos narrativos a su vez relacionados con el acontecimiento salvífico y como partes de una única lectura transversal:

  • La narración de la etapa preparatoria mesiánica, es decir previa la encarnación que se conecta con la tradición judía de la Hija de Sión, que es la misma virgen de Israel. Ambas figuras hacen parte de la tradición mesiánica vetero-testamentaria, que se refleja y se prolonga en las narraciones apócrifas de la concepción, la niñez, la juventud y el matrimonio de María como cumplimiento de lo anterior,
  • La narración de la etapa de realización maternal de María, en la plenitud de los tiempos, bajo la ley nacido de mujer, que realza la unidad entre Cristo y María a partir de la maternidad virginal, se relaciona a los acontecimientos de la infancia de Cristo, de su vida pública y misión, evoluciona y madura con el misterio pascual en la figuración de la reunificación de los hijos dispersos de Israel como la Hija de Sión ya Nueva Eva presente en el sepulcro primero dolorosa y después alegre con el Resucitado,
  • La narración de la etapa final escatológica de María, que oscila entre el momento post pascual y la realidad post mortem, compartida primero con la Iglesia naciente y después con la Iglesia triunfante. Los apócrifos asuncionistas presentan María como la madre de Dios que ora por nosotros. Este aspecto es profundizado por los Padres de la Iglesia es decir como icono escatológico de la Iglesia realizada en María asunta e incorporada plenamente a la resurrección de Cristo en cuerpo y alma y que intercede por nosotros maternalmente.

7. Conclusión

En definitiva los apócrifos de contenido mariológico pueden considerarse, a parte las debidas exclusiones de partes no propiamente doctrinales y de otra índole, una literatura cristiana de la época de los primeros siglos, que al mismo tiempo logran un aporte teológico-cultural en sintonía diacrónica con el contexto de los Escritos Canónicos y de la tradición de los Padres, y con tres puntos cincunstaciales sincrónicos narrativos de referencia: el misterio de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo en el seno de María como cumplimiento de las promesas mesiánicas, su vida hasta la Pascua y la Ascensión, junto con su Madre, y después de Pentecostés la glorificación del Hijo en la Gloriosa Asunción de la Virgen María.[37]

María emerge así en los apócrifos como la singular destinataria, y portadora del misterio de salvación, sujeto y objeto de evangelización,[38] que actúa desde su fe en comunión con Cristo y con todos, hecho que es lo que en definitiva ayuda a los creyentes a permanecer y trasmitir el depósito de la fe unidos a Ella, manteniendo y reconociendo la devoción maternal-filial-fraternal que el Espíritu Santo promueve siempre desde el comienzo en la Iglesia.[39]


[1] Jean Comby, La Historia de la Iglesia, de los orígenes al siglo XV, tomo Iº Verbo Divino Navarra 1991, 17-23.

[2] César Vidal Manzanares, Diccionario de Patrística, Verbo Divino Navarra 1999, 31.

[3] Michel Quesnel y Philippe Grunson (Dirs.) La Biblia y su cultura, ver R. Kuntzmann, Prolongaciones: Padres Apostólicos y Apócrifos Cristianos, Sal Térrea Santander 2002, 531. Moliné en su texto sobre los Padres de la Iglesia ubica el apócrifo de la Ascensión de Isaías en el primer siglo junto con las Odas de Salomón y el Protoevangelio de Santiago: en Enrique Moliné, Los Padres de la Iglesia, Tomo Iº Ed. Palabra Madrid 1982, 271.

[4] Helmut Koster, Ancient Christian Gospels: their history and development, London SCM Press; Philadelphia: Trinity Press International, 1990.

[5] Vidal C., Los Evangelios Apócrifos, Barcelona 1991, solapa editorial: “la versión esotérica que el Imperio Romano y la Iglesia oficial intentaron prescribir…”.

[6] Testa, Emmanuele, La fede della Chiesa Madre di Gerusalemme, Roma: Edizioni Dehoniane, 1995.

[7] El gnosticismo es una teoría filosófico-religiosa de los primeros siglos que la Iglesia contrabatió fuertemente. Según C. Vidal Manzanares las características del gnosticismo son: “1. El mundo material se considera un lugar inadecuado para el ser humano, 2. Se excluye la idea del pecado según el sentido judeo-cristiano, 3. La gnosis o conocimiento oculto y presuntamente es la única salida al mundo actual, 4. La sustitución de la moral por la realización de ritos mágicos y la captación de adeptos, 5. La sensación de formar parte de una élite sentida por el adepto.”, César Vidal Manzaneros, Diccionario de Patrística, Verbo Divino, Navarra 1999, 108.

[8] Walter Bauer, Orthodoxy and heresy in earliest Christianity. Translated by a team from the Philadelphia Seminar on Christian Origins, and edited by Robert A. Kraft and Gerhard Krodel, Philadelphia, Fortress Press 1971, en Ramón Trevijano, Patrología, B.A.C. Madrid 20013, 51-52. El canon de la Escritura y los libros apócrifos se encuentra en: Inocencio I Carta Consulenti tibi 20 de febrero 405, n. 213 del Denzinger, y en Gelasio I Tratado Ne forte sobre el vínculo del anatema año 495, n. 354: H.J. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Herder Barcelona 1999.

[9] ENCRATITA. adj. Definición: Se dice del individuo de una secta herética cristiana primitiva gnóstica, que se abstenía de la carne, el vino y las relaciones sexuales. Ú.t.c.s. II Perteneciente o relativo a los encratitas.

[10] Manuel Testa, María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III, Tierra Santa (Enero-Febrero 1989) 7-9.

[11] Esta traducción del párrafo del documento citado más abajo del italiano al castellano es del autor del material.

[12] Gruppo di Dombes, Maria nel disegno di Dio e nella comunione dei Santi, Ed. Qiqajon Comunitá di Bose 1998, nn. 37-38, 40

[13] “El análisis narrativo o crítica literaria, se pude decir que es el estudio del texto bíblico a partir de lo que el texto dice, su forma de expresión, su estructura, para después estudiar el proceso de lectura. Según la Iglesia Católica “la exégesis narrativa propone un método de comprensión y de comunicación del mensaje bíblico que corresponde a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales de la comunicación entre personas humanas, características también de la Sagrada Escritura”. Este método de exégesis se define por su búsqueda de una lectura del texto de forma sincrónica. El análisis narrativo o literario dio origen a distintas escuelas que se ocuparon del estudio de algunas áreas concretas dentro de la narrativa, entre las principales se distinguen, el estructuralismo, la semiótica y la retórica”, obtenido de "http://www.teologia.com.es/index.php/M%C3%A9todo_narrativo".

[14] Stefano de Fiores y Salvatore Meo, Nuevo Diccionario de Mariología, Ed. Paulinas Madrid 1989, E. Peretto en voz Apócrifos, 203-212.

[15] Aurelio de Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos, B.A.C. Madrid 2003, Índice.

[16] Manuel Testa, María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III, Tierra Santa (Enero-Febrero 1989) 7-9. El midrash pesher es una de las técnicas de interpretación culta de la ley en los tiempos de Jesús. El Pesher era practicado en los círculos esenios a igual que las distintas formas de midrash propias de la literatura rabínica posterior ya utilizadas por los fariseos del siglo I. La palabra pesher significa interpretar y se utilizaba en función de un fragmento bíblico. La característica del pesher es que interpreta el texto antiguo en referencia a la historia presente, subordinando completamente el sentido y el contexto original al significado actualizado.

[17] Stefano de Fiores y Salvatore Meo, Nuevo Diccionario de Mariología…., 215.

[18] Stefano de Fiores, María Madre de Jesús…, 57, cfr. 26: El principio de la correlación es el elemento unificador de la historia de la salvación, en Krauss, Teología Bíblica, 378-379.

[19] Esta connotación mariológica a nuestro criterio se puede extender a los misterios en general entendiendo María modelo de creyente relacionada con el sentido de depósito de la fe, es decir que Ella es la que más creyó y en su fe se contiene la adhesión más clara y perfecta a la profesión del símbolo de fe de la Iglesia: LG nn. 53-54.

[20] Documentos del Concilio Vaticano II, Lumen Gentium cap. 8 n. 62.

[21] Biagio Amata considera que, por ejemplo en los Hechos de San Pablo 8.21-31, la figura evangélica de María pasa ser la mujer de Galilea a mujer de Sión, Ermanno Toniolo AA.VV., La Vergine Madre nella Chiesa delle origini, en Biagio Amata s.d.b., L´immagine evangelica di María nei primi Padri (sec. I-V), Centro Cultura Mariana Made della Chiesa Roma 1996, 10-13.

[22] Por género narrativo se entiende una forma de literatura donde la obra narrativa es aquella en la que un narrador, a través de un discurso oral o escrito, relata una historia, destinada a oyentes (como en la epopeya griega o en los cantares de gesta medievales) o lectores (como en la novela moderna). Entre sus sub-géneros encontramos la leyenda (manifestación literaria de una tradición oral, apoyada a veces en hechos históricos ciertos). Este material literario presenta a su vez un valor teológico reconocido: Stefano de Fiores, María madre de Jesús, Secretariado Trinitario Salamanca 2003, 134.

[23] El principio de correlación aplicado a la teología bíblica también se puede utilizar, a nuestro criterio, en los apócrifos por sus referencias testamentarias, y puede ayudar a evidenciar la línea apofática del Dios misterioso que se revela en sus caminos escondidos y de su sabiduría paradójica, a pesar de los varios elementos doctrinales ciertos y no presentes en los textos: Stefano de Fiores,…., 52, cfrs. 7 y 8.

[24] Stefano de Fiores, María Madre de Jesús…, 134.

[25] Toniolo Ermanno, Padres de la Iglesia, en Stefano de Fiores y Salvatore Meo, Nuevo Diccionario de Mariología, Ed. Paulinas Madrid 1988, 1552-1553.

[26] Stefano de Fiores, María Madre de Salvación…, 69-70.

[27] Stefano de Fiores, María madre de Jesús…, 137-173.

[28] D. Sartor en Stefano de Fiores y Salvatore Meo, Nuevo Diccionario de Mariología…, voz: Visitación, 2044-2045.

[29] Stefano de Fiores, María Madre de Jesús. Síntesis histórico-salvífica, Secretariado Trinitario, Salamanca 2002, 134-135.

[30] Manuel Testa, María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III, Articulo tomado de Tierra Santa (Enero-Febrero 1989), 7-9.

[31] Manuel Testa, María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III, Articulo tomado de Tierra Santa (Enero-Febrero 1989), 7-9.

[32] Los ebionitas que significa los pobres eran una secta juedo-cristiana fiel aplicadora de la ley mosaica que cuestionaban el culto del templo y negaban la divinidad de Cristo que se consideraba hijo físico de José, en César Vidal Manzanares, Diccionario de Patrística…, 83.

[33] Manuel Testa, María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III…, 7-9.

[34] Cosmo Franceschi Ruppi, Cuaderni de L´Osservatore Romano, La Catequesis Mariana di Giovanni Paolo, 3 di luglio 1997, Cittá del Vaticano 1998, 184.

[35] Stefano de Fiores y Salvatore Meo, Nuevo Diccionario de Mariología…, 211-212.

[36] “En esta solemnidad de la Asunción de la Virgen contemplamos el misterio del tránsito de María de este mundo al Paraíso: podríamos decir que celebramos su “pascua”. “Como Cristo resucitó de entre los muertos con su cuerpo glorioso y subió al cielo, así también la Virgen santísima, a él asociada plenamente, fue elevada a la gloria celestial con toda su persona.”, Benedicto XVI, Ángelus. Lunes 15 de agosto de 2005.

[37] Las investigaciones diacrónicas serán siempre indispensables a la exégesis. Cualquiera que sea su interés, los acercamientos sincrónicos no están en grado remplazarlas…Pero una vez cumplida esta condición los acercamientos sincrónicos (retórico, narrativo, semiótico y otros) son susceptibles de renovar en parte la exégesis y de aportar una contribución muy útil”: Juan Pablo II, Discurso sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia, pronunciado el 23 de abril de 1993 en Roma, en ocasión de los cien años de la Encíclica Providentissimus Deus de León XIII y de los cincuenta años de la Encíclica Divino Afflante Spiritu de Pío XII, Conclusión.

[38] Aristide Serra, Dimensioni mariane del mistero pascuale. Con Maria dalla Pascua all´Assunta, Ed. Paulines Torino 1995, 158-159

[39] Pablo VI Exhortación Apostólica Marialis Cultus, Roma 1974, n. 27.