1.- María escucha y encarna la Palabra de Dios
La persona que con mayor humildad y perfección escuchó y
escucha la Palabra de Dios es María. Cuando el ángel Gabriel le comunica la
voluntad de Dios, ella escucha con atención y luego acepta lo que Dios le
propone (cf. Lc 1,26ss). Así la Palabra de Dios no solamente es creída por su
Pueblo sino que ahora se Encarna en el seno de María. El fruto más grande que ha
dado la humanidad es Jesucristo, no puede haber nada más grande que Jesús, y es
el fruto bendito del vientre de María (cf. Lc 1,42). María no solamente
escuchó sino que encarnó la Palabra de Dios.
Los cristianos debemos seguir el ejemplo de María, encarnar
la Palabra en nosotros, para dar también muchos frutos de vida eterna. Si de
verdad escuchamos con amor y humildad la Palabra de Dios daremos muchos frutos
para todos. Una vez que la Palabra entra en nosotros nos va transformando a la
imagen de Dios, y damos frutos que perduran, frutos para la vida eterna.
María es la tierra fecunda, la humanidad donde se siembra
la Palabra y Dios está con nosotros Emmanuel, se queda para siempre. Dios se
hace uno de nosotros para acompañarnos, iluminarnos, redimirnos y salvarnos. La
Palabra de Dios se hace carne en María y pone su tienda entre nosotros (cf. Jn
1,14). Cristo viene a este mundo a redimirnos del pecado, a dar su vida en la
Cruz. Para poder encarnar la Palabra hay que creer en ella, María creyó en lo
que el ángel le anunciaba, y la Palabra se encarnó en ella.
María siempre escuchaba con atención y meditaba en su
corazón los acontecimientos y las palabras que ocurrían de parte de Dios en su
vida (cf. Lc 2,19), ella se disponía a cumplir lo que Dios le pedía cada vez.
María no solamente aceptó que la Palabra encarnara en su ser sino que además
encarnó la Palabra en su vida, porque ella siempre hizo lo que Dios le pidió,
cambió sus planes para seguir los de Dios, siempre estuvo humildemente
escuchando y cumpliendo la voluntad de Dios.
La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros,
en la casa de María y de José, ese hogar de Nazareth se iluminó con la Palabra
encarnada, Jesús, y desde allí se fue regando por toda la tierra, en la Iglesia
de Cristo, que ilumina a todas las gentes de todos los tiempos. De los
escuchadores de la Palabra María es la más perfecta, ella la encarnó en su
seno, y se acomodó en todo a esa Palabra, ella nunca pecó en contra de Dios,
siempre cumplió lo que su palabra le pedía, ella siempre fue fiel y humilde ante
esa Palabra y acomodó su vida a Dios. María recuperó con su obediencia a Dios lo
que Eva había perdido.
2.- María cumple la Palabra de Dios.
Como Abraham, María salió de sus planes, de sus
comodidades, para seguir el camino de Dios, sirvió a la Palabra con su propia
vida, y estuvo siempre a su lado, sobre todo en los momentos más difíciles,
sobre todo en la Cruz, cuando la Palabra se debía encarnarse en la humanidad y
formar la Iglesia, y fue abandonada por todos, rechazada, burlada, pero María
permaneció fiel a la Palabra, nunca hubo en ella ni una rendija de infidelidad o
soberbia, siempre estuvo aceptando en su ser y en su vida la Palabra viva de
Dios. María es Discípula y Misionera de la Palabra de Dios.
Cuando Jesús murió en la Cruz la Palabra se sembró
definitivamente en la humanidad, en la tierra de todos, Jesús entregó todo su
ser, Cuerpo y Sangre, para darnos la Vida, para sembrarse en nosotros y darnos
su Amor, su Presencia, su Caridad, su Perdón, que nos llevan hasta la vida
eterna, nos salvan del pecado, del mal y de la muerte. Dios envió su Hijo, su
Palabra, la expresión de sí mismo, la misma Palabra que había enseñado a los
Profetas del Antiguo Testamento, lo envió para que se hiciera carne en el seno
virginal de María, y una vez hecho hombre se entregara a sí mismo en la Cruz, de
esa manera Dios nos ha perdonado, Cristo nos ha redimido y si aceptamos su
Palabra, si creemos en él y acoplamos nuestra vida a esa Palabra, como lo hizo
María, entramos en la Vida de Dios, en su Reino y así nos salvamos. Recuperamos
lo que se había perdido en Adán, y entramos en la gracia de Dios.
3.- El pecado entra en el mundo
El primer pecado de la humanidad fue la
desobediencia, la tierra se secó de Dios y la vida se volvió muy dura, la
humanidad no escuchó a Dios y luego no cumplió lo que Dios le pedía. María fue
la que escuchó con atención y amor, con fe sincera y profunda a Dios y en ella
comenzó la regeneración de la humanidad; en María comenzó la recuperación de la
humanidad perdida, porque ella escuchó y obedeció a Dios, la Palabra se hizo
carne y Cristo redimió la humanidad, Cristo fue el hombre, el Hijo de Dios, que
cumplió más perfectamente y humildemente la voluntad de Dios, le escuchó con
puro corazón y se entregó a la muerte por obediencia, fue obediente hasta la
muerte y una muerte de Cruz (cf. Fp 2,8), así Cristo recuperó lo que se había
perdido en el pecado de Adán. Regresó la obediencia a la humanidad y volvió la
Palabra a estar sembrada en la tierra humana, se iluminó de nuevo para siempre
la humanidad y Dios sigue entrando en los corazones para realizar su obra. A
quien le abra la puerta Dios entra y hace su morada en él (cf. Jn 14,23).
En el origen de la humanidad y en origen de
nuestro pecado el ser humano cierra sus oídos, su mente y su corazón a Dios;
quiere hacer las cosas por sí mismo y no permite que Dios le ilumine y le enseñe
a diferenciar el bien del mal. Cuando Adán y Eva cayeron en el pecado de comer
la fruta del árbol, quisieron conocer el bien y el mal directamente (cf. Gn
3,5), sin que Dios se lo enseñara, para poder liberarse de Dios y hacer su
propia vida, sin tomarlo en cuenta. El primer pecado consiste en no escuchar ni
obedecer a Dios, porque queremos ser más que Dios; de allí vienen todos los
demás pecados; por eso nos dice la Biblia en el Antiguo Testamento: Escucha
Israel, el Señor tu Dios es uno, amarás al Señor con todo tu corazón, con toda
tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6,4-5). Lo primero que pide y manda Dios
es “ESCUCHA”, y lo que se escucha es la Palabra que se transmite por medio de la
voz y penetra no solamente por el oído sino que llega al corazón.
4.- Eva y Adán escucharon a la serpiente y
se cerraron a Dios.
Eva y Adán escucharon la voz de la Serpiente,
del Antiguo Dragón, y llevaron a su corazón esa palabra venenosa, La
serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios
había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de
ninguno de los árboles del jardín?» (Gn 3,1), así cayeron en la
desobediencia de Dios y quedaron sometidos al pecado y a la muerte. Cuando no
escuchamos a Dios vivimos la vida por nuestra propia cuenta, cometiendo
cualquier clase de errores y pecados, pero el fruto de estos pecados y esa vida
es la muerte espiritual. Cada vez que nos cerramos a Dios y hacemos algo que
está en su contra, o que daña a un hermano, estamos enfermando nuestra alma,
estamos encerrando nuestro ser en lo profundo, en su esencia espiritual, dentro
de una cárcel sin salida, dentro de una enfermedad sin remedio. Las enfermedades
espirituales nadie las puede curar porque no hay manera de que un médico de la
tierra pueda llegar a las profundidades del espíritu. Sin embargo la enfermedad
está allí y nos lleva a la muerte, a la tristeza espiritual, al infierno.
Cuando nos cerramos a Dios estamos
encerrándonos en nosotros mismos, nos quedamos solos, sin amor, sin perdón, sin
la luz del alma que es la Caridad. El infierno es justamente esa soledad sin
amor, sin que nadie esté contigo, sin que nadie piense en ti, una soledad llena
de infelicidad. El ser humano debe buscar a Dios para salir del pecado de Adán,
recuperar la gracia perdida, encontrar la verdadera felicidad que no consiste en
comida ni bebida, es decir, en las cosas materiales, sino que consiste en
paz, amor, gozo en el Espíritu Santo (Rom 14,17).
Adán y Eva se cerraron a Dios y se escondieron;
perdieron la confianza en él y se pusieron a vivir su propio camino. Entraron
así en la vida llena del pecado, con toda clase de problemas y males, ya en sus
mismos hijos existió el homicidio, cuando Caín mató a Abel (cf. Gn 4,8). El mal
siguió seduciendo a los descendientes de Adán y Eva, llevándolos a estar en
contra de Dios, a perder sus caminos casi completamente, a perder esa imagen y
semejanza de Dios que habían recibido al comienzo de su creación.
5.- Dios promete la salvación.
Dios desde el comienzo prometió restaurar su
obra, cuando en Génesis 3,15 dice: Enemistad pondré entre ti y la mujer, y
entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su
calcañar. (Gn 3,15). De esta manera se abre un rayo de esperanza dentro de
la humanidad, de que algún día llegaría un hombre, descendiente de una mujer,
que vencería a la Serpiente, ese hombre anunciado era el Mesías, Jesús, el Hijo
de María, el Hijo de Dios.
Dios siguió revelándose en la humanidad y
encontró a Abraham que le escuchó y creyó, por eso Abraham es el padre de la fe.
Él dejó su tierra y se fue a caminar en el desierto, camino basado en la fe,
porque había creído en la Palabra de Dios. Dios le prometió que tendría una
descendencia como las estrellas del cielo (cf. Gn 15,5) siendo que su mujer era
estéril y ambos ya mayores. En el desierto perfeccionó su escucha a Dios, se
liberó de sus apegos y falsas creencias, y cada vez fue haciendo su vida más
obediente a Dios, incluso llegó a estar dispuesto a sacrificar el hijo de sus
entrañas, el hijo de la promesa, Isaac (cf. Gn 22,6ss).
Dios fue así realizando una alianza con el ser
humano y de Abraham surgió un pueblo, porque su nieto Jacob tuvo doce hijos que
fundaron las doce tribus de Israel. La diferencia de este pueblo con el resto de
los pueblos era que vivían la bendición de Dios, que se pasaban de padres a
hijos, eran el pueblo de la fe en el verdadero Dios, el pueblo que escuchaba a
Dios; el signo de pertenecer a este pueblo era la circuncisión. Dios siguió
hablando por medio de este pueblo e hizo surgir un hombre extraordinario, la
figura más importante del Antiguo Testamento, Moisés, quien vio al Señor cara a
cara (cf. Ex 33,11), y recibió de Dios los mandamientos de su ley mediante los
cuales irían recuperando el camino perdido en Adán y Eva, así los hombres podían
saber nuevamente qué era el bien y qué era el mal. El pueblo debía oír la
Palabra que Dios transmitía por medio de Moisés, creer en esos mandamientos y
cumplirlos; de esta manera ir recuperando la Presencia de Dios en su vida y el
pueblo de Dios se iba volviendo mejor, más limpio, porque la Palabra y la Ley de
Dios lo estaban volviendo a la gracia original.
Siguió Dios hablando de diferentes maneras,
sobre todo por medio de los Profetas, que recibían la Palabra de Dios en forma
viva en su corazón y tenían que trasmitirla al pueblo, aunque muchas veces este
pueblo era de dura cerviz (cf. Ex 32,9) y no quería escuchar las críticas que le
hacían los profetas, porque la Palabra de Dios es como una espada (cf. Hb 4,12)
que hiere el corazón porque separa el bien del mal y a menudo la gente no quiere
escuchar a Dios para no dejar el pecado, porque están apegados y acomodados en
ese pecado.
Al final Dios envió directamente a su Hijo, a
su Palabra, para que fuera uno de nosotros y realizara no solamente una
predicación de la Palabra de Dios sino que él mismo se entregara a la maldad del
pecado del hombre y a la muerte, para redimirnos de este pecado. Cristo es la
Palabra hecha carne (cf. Jn 1,14), el Mesías esperado que iba a pisar la cabeza
de la Serpiente (cf. Gn 3,15), el Cordero inmolado como sacrificio agradable al
Padre para expiar y perdonar el pecado del mundo (cf. Jn 1,29), el Cordero
resucitado y glorificado a la derecha del Padre (cf. Ap 5,12-13) para interceder
por nosotros y seguir realizando la obra de salvación por medio de su Iglesia,
hacer que volvamos a la gracia original, antes de la caída de Adán y Eva, ser
hijos de Dios, abiertos a su Voz, que amorosamente acepten su Presencia y
Voluntad, volver a ser no solamente sus creaturas sino sus hijos queridos,
coherederos en Cristo de su Reino, salvados del infierno, de la soledad y
angustia, de la infelicidad, que son los frutos del pecado.
6.- La Iglesia junto con María ofrece la
Palabra de Dios encarnada.
María escuchó con corazón puro la Palabra de
Dios y creyó en ella, como Abraham, y la Palabra se hizo carne en María; en su
vientre purísimo tomó la carne humana y de ella nació Jesús, su propio Hijo, el
Hijo único de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su tienda entre
nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14).
La Iglesia como María, ofrece la Palabra Viva a
los fieles, para que se alimenten de ella, la hagan parte de su vida y su tierra
cambie, se haga hermosa y dé muchos frutos. María es el comienzo de la tierra
hermosa, renovada por Dios, llena de su Espíritu, llena de su Gracia, la que nos
enseña el camino que tenemos que recorrer, cada día creer con mayor profundidad
y amor en su propio Hijo, la Palabra hecha carne, Jesús, y obedecerle, cumplir
las cosas que Dios nos dice y nos pide.
Creer, amar y obedecer a Jesucristo es la
esencia de la Iglesia y del ser cristiano, y María es la persona que más creyó,
amó y obedeció a Jesucristo, porque no solamente fue una fiel creyente y
discípula sino que fue en ella que se encarnó la Palabra y por eso la fe de
María es más fuerte y profunda que la de nosotros, porque ella es la madre del
Verbo Encarnado, su amor es también único dentro de la Iglesia, por ser amor de
discípula y de madre y su obediencia es única y perfecta. Por esta nueva
obediencia de Cristo, reflejada en María de la manera más perfecta, Dios comenzó
la restauración de la humanidad, la desobediencia de Eva y Adán se resolvieron
en la nueva obediencia de María junto a Jesús. La Nueva Creación, la Nueva
Alianza que supera la Antigua y lleva de nuevo la humanidad a su inocencia
original.
Preguntas:
1.- ¿Por qué María es la que mejor ha recibido la Palabra
de Dios?
2.- ¿Encarnas y cumples la Palabra de Dios en tu vida?
3.- ¿De qué manera entra el pecado en tu vida?
4.- ¿Cuáles son las cosas que te atrapan y encierran?
5.- ¿Qué te ha prometido Dios?
6.- ¿A quién le has ofrecido las enseñanzas de Dios?
TEMA 2
MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1.- La primera pareja humana es seducida por el
mal.
El libro del Génesis comienza con el relato de la creación
e inmediatamente llega al origen del pecado dentro de la humanidad; la primera
pareja humana, Eva y Adán, caen en la desobediencia y pierden la gracia de Dios,
luego se esconden porque tienen pena, vergüenza de Dios (cf. Gn 3,10).
La primera promesa de restauración del bien la tenemos en
el génesis 3,15, el llamado protoevangelio, donde se anuncia la venida en el
futuro de un hombre que vencerá al mal. Enemistad pondré entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya, ella te pisará la cabeza mientras tú tratas de
morderle el talón. (Gn 3,15).
El Antiguo Testamento nos muestra a lo largo de la historia
de Israel una serie de personas importantes, sobre todo los que han sido fieles
a Dios, los que han creído en él y han cumplido su voluntad, entre ellos está
Abraham, Moisés, Josué, David, Salomón, etc. Además encontramos una serie de
mujeres que tuvieron importancia dentro del pueblo de Dios, mujeres creyentes y
admirables.
2.- El Antiguo Testamento camino de recuperación de la
gracia
Toda la historia del Antiguo Testamento trata de recuperar
esa imagen de Dios que los primeros padres, Adán y Eva, perdieron por su
desobediencia, y cada vez encontramos mujeres y hombres por medio de las cuales
Dios cumplió sus planes para restaurar lo que estaba perdido, así como por medio
de Eva y Adán entró el pecado en el origen, así Dios va actuando por medio de
hombres y mujeres para volver a la inocencia original.
Hay algunas figuras femeninas importantes, como Sara, la
mujer de Abraham, que era estéril y ya vieja, y por la gracia de Dios tuvo a
Isaac (cf. Gn 21,3), el hijo de la risa, del cual nació toda la descendencia de
Abraham y se cumplió por él la promesa de Dios. También Rebeca es mujer de fe,
ella era estéril y por la gracia de Dios tuvo hijos, de esta manera Dios
mostraba su poder y cómo las promesas que hizo a Abraham se cumplían, no
simplemente por el poder del hombre o de la naturaleza pero sobre todo por la
gracia y el poder de Dios: Isaac suplicó a Yahveh en favor de su mujer, pues
era estéril, y Yahveh le fue propicio, y concibió su mujer Rebeca. (Gn
25,21), también Judit quien liberó al pueblo de Israel sometido al asedio por
Holofernes y ya a punto de perecer de hambre, cortándole la cabeza al capitán
enemigo. (Jt 13,6-7). El pueblo de Jerusalén la aclaman con las mismas palabras
que Isabel bendice a María: Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios
Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor,
Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del
jefe de nuestros enemigos. (Jt 13,18). y Rut, la mujer moabita (no de
Israel) que fue fiel a su suegra Noemí, no la abandonó, y aceptó al Dios de
Israel por esta misma solidaridad y fidelidad (cf. Rut 1,16); son mujeres
admirables por medio de las cuales Dios va llevando su obra de salvación
adelante, en la mayoría de ellas Dios actúa con su poder, sobre todo haciéndolas
concebir un hijo porque con su esterilidad e incapacidad de quedar embarazadas
Dios muestra mejor su poder y su gracia. Incluso encontramos en al Biblia libros
dedicados a estas figuras femeninas como el libro de Rut, Judit y Ester.
3.- Figuras simbólicas de fidelidad y maternidad
espiritual.
La figura femenina se fue perfilando con cada vez mayor
profundidad en el Antiguo Testamento; Israel era la Esposa, la Jerusalén
celestial, Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía, (Sal
122,3) es una imagen que refleja el ideal femenino, en María Dios construye la
más hermosa ciudad compacta, sin brechas, armonía de Dios. ¡Bendito sea
Yahveh desde Sión, el que habita en Jerusalén! (Sal 135,21). Dios habita en
María, la hija de Sión. ¡Celebra a Yahveh, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!
(Sal 147,12). Nos recuerda a María, alégrate llena de gracia, proclama mi alma
la grandeza del Señor. Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como
Jerusalén, imponente como batallones. (Ct 6,4). Se refleja la belleza
femenina, Jerusalén es la ciudad donde Dios habita, hermosa, así es María,
hermosa porque Dios habita en ella. ¡Despierta, despierta!¡Revístete de tu
fortaleza, Sión!¡Vístete tus ropas de gala, Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no
volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. (Is 52,1). Aquí se percibe
la restauración que Dios está haciendo, habrá un lugar, una ciudad santa donde
no entrará el pecado, nos recuerda a María, la ciudad de Dios donde nunca entró
el pecado. Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por
Jerusalén seréis consolados). (Is 66,13). Aquí se refleja la maternidad
espiritual, el consuelo de una madre, Jerusalén es imagen de María; Dios va a
consolarnos desde el amor maternal de María.
Sión era el alto donde estaba colocado el templo de
Jerusalén y representa lo más hermoso, lo más fiel, el lugar más querido por la
religión de Israel, la figura de la Hija de Sión refleja el ideal femenino que
ha recuperado plenamente la gracia y es fiel a Dios. Desde Sión, la Hermosa
sin par, Dios resplandece, (Sal 50,2) aquí percibimos el sentido de María,
la toda santa, la toda hermosa, cuando el ángel Gabriel la llama “llena de
gracia”. Estas figuras forman parte de lo femenino que recupera la presencia de
Dios. Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la
funda es el propio Altísimo. (Sal 87,5). Sentimos aquí la gracia poderosa de
Dios que ha querido derramar en la humanidad, comenzando por María, una nueva
creación, una nueva madre de los vivientes, María es la madre espiritual, madre
de la Iglesia, la Nueva Eva donde comienza la nueva creación de personas que ya
no estarán sometidas al demonio, libres del pecado y de la muerte. …cuando
Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, (Sal 102,17). Vemos cómo
se siente la gloria de Dios dentro de la figura femenina, María es la persona
femenina, donde se refleja de la manera más sublime la gloria de Dios. El
cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de tus
enemigos! (Sal 110,2). Percibimos aquí el poder de Dios, María no es vencida
por el demonio, el enemigo de Dios.
4.- María es la Virgen profetizada
Dentro del Antiguo Testamento se profetizó algo que iba a
superar la intervención de Dios en las mujeres estériles; el milagro más grande
y esperado por Israel, era de que una virgen quedase embarazada, ésa sería la
señal de la llegada del Mesías y eso ocurrió en María, la madre de Jesús. Isaías
nos habla de la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo, se espera al Mesías y
Salvador; el pueblo de Israel es creyente de las promesas de Dios y espera
siempre al salvador, al que iba a liberarnos del yugo del pecado, de las garras
de la antigua serpiente.
Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí
que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre
Emmanuel. (Is 7,14). Emmanuel significa “Dios
con nosotros”, y Jesús significa “Dios salva”, la Palabra se hizo carne y vino a
salvarnos, Dios entró en nuestro mundo, es uno de nosotros, está con nosotros
para siempre. La doncella esperada, mujer joven virgen, es María, la madre de
Jesús que concibe en forma virginal. Esta será la señal de que ha llegado el
Mesías y de que se va a restablecer la gracia perdida en Adán y Eva por causa de
la Serpiente Antigua.
5.- María cumple plenamente la figura femenina del
Antiguo Testamento
Todas estas figuras apuntan hacia una mujer recuperada del
pecado, que ahora sí va a cumplir la voluntad de Dios, no como la primera mujer
y madre de los que viven, Eva, quien desobedeció a Dios, sino una mujer donde el
mal y el pecado no puedan entrar dentro de su corazón, una mujer fiel a Dios
completamente, una mujer por medio de la cual Dios va a realizar su obra de
salvación, una mujer que dará la descendencia que va a pisar la antigua
serpiente, Dios enviará a su Hijo, nacido de mujer, para liberar a los hombres
del pecado y vencer definitivamente al mal. Esa mujer es María.
María es la más perfecta hija de Sión, la mejor de todas
las hijas de Israel, por eso el ángel la llama “llena de gracia”, llena de Dios,
la que escucha a Dios y le obedece, ella es la mujer de la cual nació el
Emmanuel, ella es la Virgen que quedó encinta por obra de Dios, en ella el poder
de Dios se mostró como en ninguna otra mujer de Israel ni del mundo entero,
bendita entre todas las mujeres de la tierra, por ella Cristo entró al mundo y
restauró la humanidad caída en Adán y Eva.
En María Dios actuó de manera más sublime que en las otras
mujeres importantes del Antiguo Testamento, no sólo hizo que una mujer anciana
quedara embarazada sino que una mujer virgen, sin concurso de varón, quedó
embarazada por el poder de Dios, por la fuerza del Altísimo, cubierta con la
sombra de su Espíritu.
La Tienda del Encuentro es también figura de María, donde
Dios se hacía presente, cuando la nube cubría la tienda ésta se llenaba de la
gloria del Señor (cf. Ex 33,9), cuando María fue cubierta con la sombra del
Espíritu quedó llena de la gloria de Dios, la misma Palabra se hizo carne, Dios
en Persona quedó dentro de María, ya no era la gloria de Dios sino al mismo Dios
presente, el Emmanuel, Dios con nosotros, que personalmente se iba a quedar para
siempre con nosotros, para llevarnos hasta el reino de su Padre y nuestro Padre.
También el arca de la alianza donde se llevaban las tablas de la ley de la
antigua alianza es figura de María, porque ahora ella es la nueva arca que lleva
dentro de sí la Nueva Alianza, Jesucristo en persona. …y dieron al pueblo
esta orden: «Cuando veáis el arca de la alianza de Yahveh vuestro Dios y a los
sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras
ella, (Js 3,3). En las procesiones María es llevada como el Arca de la Nueva
Alianza; ella lleva a Jesús, que es el cumplimiento pleno de la ley y los
profetas, la Palabra de Dios hecha carne.
Podemos afirmar que María es la mejor de todas las
Israelitas, la mejor de todo el Antiguo Testamento, la flor de todo el árbol de
la Antigua Alianza que daría el fruto más excelente, Jesucristo. Todo el trabajo
de Dios llega hasta María, la más perfecta Israelita, para traer al mundo al
Salvador.
6.- María cumple las profecías del Antiguo Testamento.
En María se cumplen todas las profecías del Antiguo
Testamento que llenaban de esperanza al pueblo creyente, la figura femenina es
restaurada en su perfección original, la perfecta escucha y obediencia a Dios.
De esta manera Dios realiza su justicia, envía a su Hijo y vence al mal, al
pecado y a la muerte. Ya los profetas no hacen falta, porque Jesús es el Profeta
esperado, ya no hay libertador, porque Jesús es el Mesías, ya no hay rey porque
Jesús es el Rey, ya no hay sacrificios porque Jesús es el Cordero, ya pasa la
Antigua Alianza porque en Jesús se da la Nueva Alianza. Todas las profecías se
completan en Jesús, y María es esa mujer, la virgen esperada, por medio de la
cual Dios cumple todas sus promesas y se llenan todas las expectativas del
pueblo de Dios, ahora Dios ha vencido al mal, la antigua serpiente, por la
obediencia de Jesucristo, el perfecto Hijo, el hombre que ha vuelto al origen y
ha recuperado el pecado que Adán cometió, el hombre que escuchó y obedeció a
Dios perfectamente, se sometió a la Cruz, y María es también perfecta
escuchadora de la Palabra de Dios, la Nueva Eva, que junto al Nuevo Adán escucha
y obedece a Dios para que se recupere la gracia perdida en el origen, verdadera
israelita, perfecta hija de Sión, Jerusalén Celestial, Pero la Jerusalén de
arriba es libre; ésa es nuestra madre, (Gal 4,28) obediente a la voluntad de
Dios, que contempló la muerte de su Hijo sin pecar, en el silencio de su dolor,
siempre fiel, hasta la muerte de su Hijo en la Cruz. El madero de la Cruz es el
árbol de la Vida, ahora María come los frutos amargos de ese árbol donde su Hijo
muere crucificado para recuperar la verdadera sabiduría que Eva y Adán buscaron
por su cuenta, la sabiduría de la cruz, donde la esencia no es el conocimiento
sino el Amor, el perdón, la misericordia de Dios.
Preguntas
1.- ¿Cuándo prometió Dios la salvación por primera vez en
la Biblia?
2.- ¿Has visto en la mujer la lucha por recuperar la gracia
de Dios?
3.- ¿Cuáles son las imágenes femeninas que sugieren a María
en el Antiguo Testamento?
4.- ¿Por qué María es la virgen profetizada del Antiguo
Testamento?
5.- ¿Sientes que María es la mejor de las israelitas?
6.- ¿Cómo se va logrando el plan de Dios en al Antiguo
Testamento?
APÉNDICE
LA HIJA DE SIÓN ENTRE EL ANTIGUO Y
NUEVO TESTAMENTO
Introducción.
La revelación tiene como centro a
Jesucristo. Todo se refiere a Él y desde Él se puede interpretar. La tradición
apostólica y posteriormente de los Santos Padres, centran el discurso en Cristo
el verbo encarnado, nuevo Adán, el Hijo de David, que muere y resucita para
nuestra salvación y que funda su Iglesia, el nuevo Israel, que peregrina en la
tierra hasta que Él vuelva victorioso y la Jerusalén liberada descienda del
cielo, al final de la confrontación última escatológica. Pablo nos habla
mistagógicamente (es decir con la pedagogía del misterio revelado) de Cristo
cabeza y de nosotros miembros del cuerpo de Cristo.
¿Y María?
¿Donde se puede ubicar María sin
descentrarse, dentro del contexto de las Sagradas Escrituras y con respecto al
misterio de Cristo y de la Iglesia?
Entre el los dos testamentos, si
hacemos una atenta lectura desde la perspectiva de la persona-figura de María,
podemos encontrar dos aspectos fundamentales:
1) El aspecto mesiánico-redentivo que
la relaciona a Cristo como Hija de Sión, expresión bíblica del Antiguo que se
realiza en el Nuevo, y que tiene que ver con la expectativa desde la fe, la
esperanza y la caridad en la realización de las promesas, y del proyecto
salvador en Cristo, a través de la Iglesia, y por obra del Espíritu Santo.
2) el aspecto eclesial cargado de un
valor antropológico de la mujer Nueva Eva, rescatada en la fraternidad, la
conyugalidad y en la maternidad, todo sumergido en un ambiente de misterio de la
encarnación-redención, revelado progresivamente a lo largo de la historia de
Israel hasta la culminación de los tiempos Gal 4,4 y el final de ellos Gal 4,
26.
Ambos aspectos se relacionan a su vez
entre sí por lo cual emerge la singular realidad personal y universal de María,
Hija de Sión y Nueva Eva participa del misterio de Cristo y de la Iglesia. Los
dos títulos adquieren fuerza explicándose uno al otro recíprocamente. María,
hija de Adán (LG n. 56) es la Nueva Eva anunciada en Génesis 3, 15 que se
realiza en la historia de Israel como la perfecta hija de Sión por que se
destaca entre los humildes y pobres del Señor (los anawin), como la
Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Enmanuel (Lumen
Gentium n. 55: cfr. Is 7, 14; Miq 5, 2-3; Mt 1, 22-23). Por último María
Hija de Sión es figura y realización plena del destino último de la Iglesia de
Cristo como la madre libre de arriba, es decir celestial Gal 4, 26, esposa del
Cordero que desciende, cual Jerusalén celestial, y al mismo tiempo es figura y
realización plena de la Iglesia parturiente perseguida con sus Hijos por el
dragón y sus ángeles, mientras tanto, a lo largo del tiempo destinado a los
gentiles antes del regreso de Israel a Cristo Ap 12, 1-17.
¿Qué se entiende por Hija de Sión?
Según los expertos Sión designaba la
fortaleza de la Jerusalén jebusea, entre el valle del Cedrón y el Tiropeón.
(E.G. Mori, voz: Hija de Sión, en el Nuevo Diccionario de
Mariología, Ed. Paulinas Madrid 1988, 825-26) Aparece mencionada por primera
vez cuando David conquista Jerusalén (2Sam 5, 6-10; 1Crón 11, 4- 9. Allí David
rey construyó su palacio por lo cual fue llamada Jerusalén-Sión la ciudad de
David. También en esa roca él hizo trasladar el arca (2Sam 6, 1-12) hecho que le
dio el nombre de “morada del Señor”. Al trasladar el arca al templo Salomón
ocurrió que el nombre de Sión se extendió a todo el monte del templo y también
se utilizó para significar Jerusalén (Is 37, 32; 52, 1-2; Jer 26, 18) y con
menos frecuencia indicaba Israel (Is 46, 13; Sal 149, 2). Sión se nombra 152
veces en el AT explicando su unidad con la acción de Dios, 640 veces con una
significación geográfica y teológica a la vez.
El término hija es utilizado en la AT
como la personificación femenina de carácter figurativo que puede indicar una
región, una ciudad o sus habitantes Is 10, 32; Jer 6, 2. Miqueas utiliza la
expresión Hija de Sión por primera vez (Mq 1, 13; 4, 10; y 13). Este profeta de
la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo escribe de Sión como un barrio
nuevo de Jerusalén al norte de la ciudad de David donde se encontraban los
refugiados del desastre de Samaría, barrio orientado de cara a la ciudad patria
destruida y azotada, y barrio orientado hacia Asiría donde Israel fue deportado
y esclavizado. Es decir estamos hablando de una Hija de Sión que representa un
resto de Israel probado por el sufrimiento y no de todo Israel como tal. Esta
figura es portadora de una nueva imagen que es la del nuevo parto del nuevo
Israel, de la mujer parturiente.
Con Miqueas empieza la figura bíblica
literaria de la Hija de Sión que da a luz con dolor a un pueblo liberado Mq 4,
9-10 (H. Caselles, Fille de Sion et théologie mariale dans la Bible, en
Mariologie et Oecuénisme III, Recherches Catoliques-Théologie et
Pastorale, Lethielleux, París, 1965, 51-71). En la misma época Isaías
predicaba cosas parecidas (Is 10, 24-27.32-34; 14 24-27; 29, 1-8; 30, 27- 33;
31, 4-9). Este oráculo de Miqueas describe una liberación realizada en la misma
sión, asediada por los pueblos, probablemente la invasión de Senaquerib el 701
antes de Cristo. Mas tardíamente este tema del ataque a Jerusalén y su fracaso
será un tema escatológico importante en Ez 38-39; Jl 4; Za 14. (Desclée De
Brouwer, Nueva Biblia de Jerusalén, Bilbao 1998, pie de página 4, 11
1368). La continuación de esta temática de la Hija de Sión, personificación
abstracta de Israel en el AT, se puede encontrar, prolongada en María que la
personifica y transpuesta a la Iglesia que lo actualiza a lo largo de su
historia hasta que Cristo vuelva (Ap 12, 1-17).
El saludo del Ángel a María “Alégrate”
en Lc 1, 28 está cargado de un significado especial que juega entre el Antiguo y
Nuevo Testamento y que justamente viene a aclarar la importancia de la alegría
mesiánica que expresa (So 3, 14; Jl 2, 21; Za 9,9; Lm 4, 21). El cardenal
Ratzinger, futuro papa Benedicto escribe: “Con este saludo comienza en sentido
propio el evangelio, su primera palabra es alegría, la nueva alegría procedente
de Dios, que quebranta la vieja e inacabable tristeza del mundo” (J. Ratzinger,
María Iglesia Naciente, Encuentro Madrid 20062,
48-49).
En el canto del Magnificat
Lucas, siguiendo el modelo del cántico de Ana (1Sam 2.1-10; Lc 1, 46-55), pone
en boca de María la Hija de Sión por excelencia la glorificación de la acción de
Dios realizada en su vida y en la historia de Israel. María es la
personificación de esta figura anunciada en los profetas y ella lo acepta y
reconoce su cumplimiento en los acontecimientos de su existencia.
Significado bíblico teológico.
Podemos reflexionar teológicamente,
siguiendo los pasos de los Padres de la Iglesia que fueron los primeros en
hacerlo, y decir que el principio mariano fundamental brota, literalmente y
espiritualmente hablando, de estas dos caras figurativas bíblicas que componen
un mismo personaje relacionado a la historia de la salvación: María, la madre de
Dios y la madre de los creyentes.
El misterio central es Cristo el Mesías
anunciado que se realiza en Jesús de Nazaret, el hijo de David, nacido de la
Virgen María, la hija de Sión, Iglesia naciente. Es esta la explicación de la
profunda dimensión escatológica revelativa general, de la fe cristiana, que
abarca la importancia de la persona humana en toda su amplitud, liberada del
pecado original desde su pasado, y proyectada hacia su futuro glorioso, en un
eterno presente histórico recuperado y recapitulado por obra del espíritu de
Cristo Redentor.
Esta verdad que los apóstoles
recibieron prefigurada en los profetas como Hija de Sión y que identificaron con
la Nazarena madre del Nazareno, les permitió reconocer a María a partir de
Pentecostés no sólo como la madre del Señor sino también como su madre y hermana
espiritual de ellos. Y así lo vivieron junto a Ella y lo trasmitieron después de
su muerte a sus discípulos y a los creyentes de cada comunidad como parte del
Kerigma Original. La asunción del cuerpo y del alma de la Virgen, acaecida en la
época de la Iglesia primitiva, marca el comienzo de la misión celestial de María
como madre y el culto a la gloriosa madre de Dios y madre nuestra. Los
Apócrifos, literatura cristiana de los primeros siglos, nos habla de esta
continuidad de la presencia mariana terrenal y celestial en la Iglesia
naciente.
El Concilio Vaticano II recupera este
título bíblico de María Hija de Sión y lo expresa de forma innovadora para
explicar los libros del antiguo que anuncian lentamente la venida del Salvador y
de la Madre del Redentor y lo revelan en el Nuevo (Lumen Gentium n. 55).
Juan Pablo II también en la Redemptoris Mater toca el tema de la Hija de
Sión (RM n.3):
“Su presencia en medio de Israel,
tan discreta que pasó casi inobservada a los ojos de sus contemporáneos,
resplandecía claramente ante el eterno, el cual había asociado a esta escondida
hija de Sión (cfr. So 3, 14; Za 2, 14) al plan salvífico que abarcaba toda la
historia de la humanidad”.
TEMA 3
MARÍA EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
Los tres primeros evangelios, Mateo, Marcos y
Lucas, se llaman sinópticos (sium opticos) porque puestos juntos, de una
sola mirada podemos ver muchas citas parecidas, están relacionados entre sí, en
cambio el cuarto evangelio, el de Juan, es diferente a los tres, no puede
compararse de la misma manera.
1.- El evangelio más primitivo, María mujer
judía, madre de Jesús.
MARCOS: De los tres
evangelios el más primitivo es el de Marcos, escrito en forma más sencilla, con
muchos elementos aramaicos, escrito para la comunidad judeo cristiana de
Jerusalén alrededor de los años 50-60 después de Cristo. En este evangelio no se
habla de la infancia de Jesús, por lo tanto no aparece la concepción de María,
pero este evangelio es el primer libro del Nuevo Testamento que nos dice el
nombre de María: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de
Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y
se escandalizaban a causa de él. (Mc 6,3). Más adelante Marcos nos aclara
que Santiago y Joset son hijos de otra María, porque en el lenguaje bíblico la
palabra “hermano” se utiliza para designar otro tipo de parentesco como el de
primo hermano. Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas,
María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé,
(Mc 15,40).
El otro lugar donde aparece María es en la
escena donde buscan a Jesús que está predicando a sus discípulos, ella estaba
acompañada de algunos familiares, que la Biblia llama “los hermanos de Jesús”.
Sabemos que al comienzo la Iglesia cristiana nació en medio de la religión
judía. En esa época había cierta confusión, donde los primeros cristianos
estaban presionados para pertenecer completamente al pueblo judío y unos querían
que se circuncidaran mientras que otros decían que no era necesario. San Pablo
lucha y aclara la doctrina afirmando que la nueva circuncisión es creer en
Jesucristo; lo más importante es la fe y no las obras externas.
Por eso cuando Jesús insiste en que su
verdadera familia es la que cumple la voluntad de Dios no está rechazando a
María sino que está afirmando que su verdadera familia, es decir, los que de
verdad están incluidos dentro del pueblo de Dios son los que de verdad escuchan
su Palabra y la ponen en práctica. Y mirando en torno a los que estaban
sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
(Mc 3,34-35).
Los hermanos de Jesús son familiares de carne,
no son familiares según el Espíritu, por eso el grupo donde en forma natural
está incluida María son aquellas personas que tienen lazo de sangre con Jesús y
posiblemente estaban apoyados por los que querían judaizar a los cristianos;
algunos de ellos querían tener privilegios dentro del nuevo pueblo de Dios, la
Iglesia, como nos muestra la petición de la madre de los hijos de Zebedeo, (Mt
20,21), por ser familiares de sangre de Jesús, pero los que están dentro del
círculo son los verdaderos familiares de Jesús, son los que le están escuchando
y creyendo en él como Mesías, porque Jesús no quiere estar sometido a las
presiones de su familia de carne sino que quiere estar haciendo la obra que Dios
le encomendó, que fue predicar su Amor y la llegada de su reino entre los
hombres. Cualquiera pudiera pensar que María haya querido mantener un nivel más
alto que los demás por ser la madre de Jesús, pero al contrario, los evangelios
nos van mostrando con cada vez mayor claridad la personalidad de María, su
humildad y pureza, su fe y entrega total al plan de Dios.
Ninguno de los evangelios nos dice que María
tuvo más hijos, solamente afirman que ella es madre de Jesús, pero en ninguna
parte dicen algo como por ejemplo: “María y sus otros hijos”, porque si la
Biblia quisiera decirlo claramente lo hubiese afirmado. Lo que dice es que María
andaba con “los hermanos de Jesús”, que en el ambiente semítico de los judíos
significa también los familiares cercanos. En aquella época, como ahora también,
a las mujeres no les gustaba andar solas por la calle sino que salían con sus
familiares o vecinos para hacer sus diligencias.
La Iglesia siempre ha visto en la virginidad de María uno
de los signos más poderosos de Dios en su plan de salvación para encarnar su
Palabra. También ha creído siempre que María permaneció virgen,
totalmente dedicada a Jesús, en cuerpo y alma, madre de la cabeza, y luego al
cumplir Jesús su misión y volver al Padre, María sigue virgen, madre también del
Cuerpo, como lo sugiere el evangelio de San Juan.
Lo que podemos sacar del evangelio de Marcos es que la
madre de Jesús era una mujer judía y se llamaba María.
2.- El evangelio de Mateo, María es la virgen de Isaías.
MATEO: El evangelio de
Mateo se escribió para comunidades judeocristianas que vivían por fuera de
Israel alrededor de los años 60-70 después de Cristo, es más elaborado que el de
Marcos y nos presenta el relato de la infancia de Jesús. Comienza con la
genealogía de Jesús, es decir, dando las generaciones de las cuales procede
Jesús según la carne, al final termina diciendo: y Jacob engendró a José, el
esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. (Mt 1,16), lo cual
quiere poner en evidencia que José no engendró a Jesús, sino que nació de María.
Sigue explicando la realidad del origen de Jesús de la siguiente manera: La
generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada
con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra
del Espíritu Santo. (Mt 1,18). Claramente indica el evangelio la virginidad
de María, Cristo nace sin la intervención de José, solamente por obra del
Espíritu Santo.
Incluso Mateo nos relata la duda de José de dejar a María y
cómo en sueños el ángel lo tranquiliza, José acepta también su vocación de
cuidar al Niño y a su madre María, Así lo tenía planeado, cuando el ángel del
Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar
contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
(Mt 1,20).
Mateo cita expresamente la profecía de Isaías 7,14: Todo
esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre
Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». (Mt 1,22-23).
Podemos ver cómo los evangelistas están siguiendo las líneas desde el Antiguo
Testamento; cómo van declarando el cumplimiento de las profecías, porque ha
nacido el Salvador que se esperaba, se han cumplido las promesas de Dios para su
pueblo, de que vendría un descendiente de mujer que los libraría del yugo del
pecado. Para Mateo, María es la virgen profetizada por Isaías. La fe de
la Iglesia en la virginidad de María se apoya en esta parte de la Biblia así
como en el evangelio de Lucas.
Después Mateo relata cómo se revela Cristo a todos los
pueblos representados por los reyes magos, al final, guiados por la estrella lo
encuentran y le adoran: Entraron en la casa; vieron al niño con María su
madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron
dones de oro, incienso y mirra. (Mt 2,11). Mateo también resalta que lo
encontraron junto con María; nos quiere decir que ella estuvo con él desde el
comienzo, y que al encontrar a Jesús también encontraron a María, o al revés, al
encontrar a María, también encontraron a Jesús. Quien quiere encontrar mejor y
más profundamente a Jesús seguramente lo hará junto con María. Donde está
María allí está Jesús. La fe en María Madre de Dios está claramente
presente aquí en Mateo como en Lucas y Marcos.
Mateo habla también de la madre y los hermanos de Jesús, y
concluye parecido a Marcos: Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre
celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mt 12,50). Sabemos
que María cumplió en todo la voluntad del Padre celestial.
3.- Evangelio de Lucas, características personales de
María.
LUCAS: En el evangelio
de Lucas, escrito más tarde que el de Marcos y Mateo, hacia los años 70-80
después de Cristo para comunidades más bien de origen griego, se muestra a María
de manera mucho más detallada, ya no es simplemente la madre de Jesús o la
virgen, sino que es una persona con sus cualidades propias. Al comienzo afirma
que era una virgen desposada con José, de la casa de David, y que su nombre era
María, (cf. Lc 1,27) con lo cual está ratificando la profecía de Isaías y a la
vez la descendencia de David, de parte de su padre legal que es José. El ángel
revela a María el plan maravilloso de Dios, ella escucha con atención, la llama
“llena de gracia”, que significa “llena de Dios”, “favorecida con la gracia de
Dios”, “constantemente agraciada por Dios”; con esto Lucas nos quiere mostrar
algo extraordinario; María es una persona especialísima; solamente a Cristo le
llaman “lleno de gracia y de verdad”, en el evangelio de Juan (cf. Jn 1,14),
para Lucas María es la llena de gracia. Estas palabras nos apuntan hacia
el dogma de la Inmaculada Concepción de María, aunque no lo afirman
claramente, y a la vez es lo que rezamos en el Ave María, el saludo del ángel
Gabriel: Alégrate María, llena de gracia, el Señor esté contigo (cf. Lc
1,28) y luego el saludo de Isabel: bendita eres entre todas las mujeres y
bendito es el fruto de tu vientre (cf. Lc 1,42).
María escucha con atención las palabras tan impresionantes
de que tendría un hijo que reinaría eternamente y pregunta cómo ocurrirá eso
puesto que ella es virgen; así se reafirma su virginidad y la manera milagrosa
cómo va a concebirse Jesús, el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). Aquí se puede percibir la
Tienda del Encuentro, la nube que la cubre y la gloria de Yahveh, que ahora no
es pasajera sino que queda en María, Dios con nosotros, Jesús.
Al final María acepta la revelación de Dios y su plan sobre
ella, y con un corazón íntegro y limpio responde de la manera más sublime y más
cristiana que nadie podrá superar: Dijo María: «He aquí la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue. (Lc 1,38).
Lucas nos muestra una persona viva, que escucha con atención la palabra que le
es dicha de parte de Dios y responde con pleno compromiso, sin echarse para
atrás, esta respuesta la va a mantener María por siempre, comprometida con el
plan de Dios, incluso hasta la muerte de su Hijo, para salvarnos a todos.
María escucha la Palabra y la pone en práctica. Ella acepta el plan de Dios
en su vida, se acopla a éste, renuncia al suyo propio y asume el de Dios, es la
misma expresión que hace el pueblo de Israel cuando ratifica la alianza de Yahvé
ante Moisés: Todo el pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha
dicho Yahveh.» Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo. (Ex 19,8) La
desobediencia de Eva se cambia en la obediencia de María; por Eva entró el
pecado, por María entra la gracia. María abraza plenamente su vocación.
La nueva obediencia a Dios, superando la desobediencia de Eva, así María se abre
completamente al plan de salvación de Dios, su vida se hace totalmente dedicada
a Jesús, junto con José, que también recibió su llamado y vocación, van a cuidar
ese nuevo ser que crece en el vientre de María, lo van a criar, educar en la fe,
estar unidos a él para siempre.
Lucas en su evangelio muestra otras cualidades personales
de María, una vez que el ángel Gabriel le anuncia que será madre del Mesías ella
se va directamente a ayudar a su pariente Isabel, que tenía ya seis meses de
embarazo. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la
región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a
Isabel. (Lc 1,39-40). El evangelio de Lucas muestra que María es una
persona servicial que va de una vez a ayudar a su prima Isabel. Y sucedió
que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno,
e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; (Lc 1,41). Isabel escucha a María y
se estremece el niño en su seno, con María viene el Espíritu Santo, que cubrió a
María en la anunciación y sigue con ella, porque allí está el Hijo. “El niño
saltó de gozo en su seno” indica la alegría mesiánica, llegó el Reino de Dios al
mundo y Juan Bautista recibe desde el seno mismo de su madre Isabel la fuerza
del Espíritu para realizar su misión. María está unida al Espíritu Santo.
….y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las
mujeres y bendito el fruto de tu seno,… (Lc
1,42); gran voz significa una emoción enorme, alegría espiritual expresada con
palabras de felicitación y elogio hacia esa humilde muchacha, su joven prima que
viene a ayudarla desde Nazaret. Isabel bendice a María, esta bendición se va a
mantener por toda la historia humana, María será bendita entre todas las mujeres
por haber sido la única madre del único Señor y Mesías Jesucristo, el Rey de
cielo y tierra, quien marcó la historia humana en dos partes, antes y después de
Cristo; porque venció a la Antigua Serpiente; por eso Isabel le agrega la
bendición a ese niño que está en el vientre de María, Jesús. Es la primera parte
del Ave María. María es bendita entre todas las mujeres de la tierra.
…y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?,
(Lc 1,43) la llama “madre de mi Señor”, título que utilizaban seguramente las
primeras comunidades cristianas para referirse a María, puesto que en aquella
época habían muchas Marías como podemos ver en el evangelio de Juan con las que
estaban a los pies de la cruz (cf Jn 19, 23ss), María es la madre del Señor,
un nombre dulce y hermoso que demuestra la profunda admiración, respeto y amor
por aquella mujer, que se alegra sobre manera de esta visita inesperada; Isabel
se siente sorprendida y altamente agradecida de esta visita.
4.- María, mujer de fe.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que
le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45).
Isabel muestra otra de las cualidades especiales, María es mujer de fe,
tuvo que creer las cosas de Dios, para Lucas María es una auténtica creyente, no
se da derechos por ser la madre de Jesús, sino que como todos, pasa por el
camino de la fe. La fe de María es la más profunda de la Iglesia, es la primera
fe cristiana, la primera que comenzó a creer en Cristo, es como la fe de
Abraham, el primer creyente en Yahvé, siempre será la más grande fe que tendrá
la Iglesia.
El evangelio de Lucas sigue con el famoso cántico del
Magnificat, donde María expresa sus sentimientos hacia Dios y profetiza
sobre ella misma. Es un cántico tomado del Antiguo Testamento, el cántico de Ana
(cf. 1 Sam 2,1-10), adaptado a la situación de María. Ella primero engrandece al
Señor y expresa su inmensa alegría se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador
(cf. Lc 1,47), es una alegría espiritual, que viene de lo profundo de su ser y
que está llena de agradecimiento. María es sumamente agradecida de Dios.
María reconoce a Dios como su Salvador, ella es una creatura, como todos
nosotros, y ha recibido la gracia de Dios de manera única, ha recibido la
salvación de Dios y se mantiene dentro de ella. La alegría de María no es en
ella misma, ni en nada material; es en Dios. María nunca pierde la conciencia de
Dios, ha recuperado lo que perdió Eva, el estar con Dios, el no negar ni
rechazar a Dios. María acepta a Dios completamente. María nunca perdió la
presencia de Dios ni se escondió de él, así como hicieron Eva y Adán.
…porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,(Lc
1,48). María no se alza por encima de nadie, María es perfectamente humilde,
y profetiza una verdad que vemos cumplirse con nuestros propios ojos, todas
las generaciones la han llamado bienaventurada, porque ya Lucas en su evangelio
muestra que la Iglesia primitiva así lo hizo al escribir en su evangelio sobre
María cosas tan hermosas, y sabemos que a lo largo y ancho de la historia y
geografía humanas han existido imágenes, estatuas, cuadros, canciones, poesías,
procesiones, fiestas litúrgicas, libros, en honor a María. Lo mismo observamos
en las procesiones como la de la Divina Pastora, María la madre del Divino
Pastor Jesucristo, donde están presentes todas las generaciones actuales, desde
los niños recién nacidos hasta los más ancianos. Todas las generaciones la
bendicen y la llaman bienaventurada. Los evangelios sinópticos nos hablan de las
bienaventuranzas, dichosos los sufridos, los pobres, los mansos, los humildes;
todas estas cualidades están presentes en ella, María es bienaventurada.
Lucas sigue con el relato de la infancia de Jesús y muestra
todo el proceso del viaje a Belén, donde tienen que buscar un establo para
pernoctar y nace el Niño, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en
pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
(Lc 2,7). Se ve la pobreza de Jesús, José y María, cómo les cuesta la vida, cómo
el Hijo de Dios, que cambió la historia de la humanidad para siempre y la
dividió en dos partes, no es recibido por ninguna persona humana, no hay lugar
para ellos en las posadas, solamente un lugar para animales, porque en ellos no
hay pecado, la inocencia original no se ha perdido. Pero el amor es inmenso,
María con amor de madre lo envuelve en pañales y lo acuesta en un pesebre, no
había una cunita para el niño y María lo pone en el mejor lugar que halla, un
lecho de paja en la pesebrera. María cuida a Jesús con inmenso amor de madre.
El tercer evangelio continúa su relato donde además del
amor humano de María y de José por el Niño se derrama el Amor y la Gloria de
Dios en el lugar por medio de los ángeles que avisan a los pastores y llenan el
cielo aclamando la gloria de Dios. Los pastores son humildes trabajadores,
cuidadores de ovejas y otros animales, que viven por fuera de las ciudades, pero
son los primeros en enterarse del gran acontecimiento, la revelación de Dios va
desde fuera hacia dentro, desde los más sencillos hacia los que están más
inmersos en la maquinaria del mundo. Ellos se dirigen hacia el lugar señalado
por los ángeles y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al
niño acostado en el pesebre. (Lc 2,16). La primera revelación de Cristo ya
nacido ocurre en esos humildes pastores, y ellos lo encuentran junto con José y
María; las personas que más aman a Jesús en ese momento, y que permanecen
siempre a su lado en ese amor. Lucas nos da a entender que donde está María
allí está Jesús.
Los pastores cuentan lo sucedido y todos se maravillan,
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
(Lc 2,19), vemos así cómo Lucas pone de manifiesto esta cualidad especial de
María, es la única persona a la que le da esta característica, y demuestra que
ella es una escuchadora atenta de las cosas de Dios, de la palabra de Dios, una
creyente de verdad. Es familia de Jesús doblemente, por ser su madre y por ser
verdadera creyente. María escucha y medita la Palabra de Dios.
5.- María comparte la suerte de Jesús.
El evangelio continúa la narración de la infancia de Jesús,
en la cual José y María presentan al niño en el templo y además pagan el
sacrificio adecuado a su estado social, dos palomas, para purificarse del parto.
Allí el anciano Simeón, que representa también a Israel, la Antigua Alianza,
puede irse en paz porque ha visto al Salvador, profetiza y habla a María,
anunciándole el futuro dolor que atravesará su alma. Simeón les bendijo y
dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en
Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te
atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de
muchos corazones.» (Lc 2,34-35). La mayor señal de contradicción es la Cruz,
no habrá otra que la supere, porque allí están frente a frente el amor
misericordioso de Dios que se entrega en la Cruz y el odio que anida en el
corazón del hombre, capaz incluso de matar a su propio Dios, no solamente
desobedecerle, ignorarlo, encerrarse en su egoísmo, sino llegar a querer
eliminarlo completamente de su vida. María comparte el sufrimiento de Jesús,
la espada que le atravesará el alma será ver a su Hijo colgado en la Cruz,
agonizando, para que las intenciones de cada corazón salgan afuera. Es la manera
que tiene el Señor de salvarnos; hacernos descubrir y arrepentirnos de nuestro
pecado, del mal que anida en nosotros, desde lo más profundo de nuestro ser.
Cuando contemplamos a Jesús con el corazón y lo amamos en
nuestro ser, entramos en nuestra propia contradicción y él nos va salvando, nos
va liberando del mal, cuando estamos con María también ella nos ayuda y nos
protege, nos cuida para que Cristo su Hijo nos salve; con su dolor ella
participa de nuestra salvación, con su amor de madre, hacia su Hijo y hacia
nosotros. Lucas quiere darnos a entender que María participa con su
sufrimiento y amor en la obra redentora de Cristo.
Lucas termina el relato de la infancia de Jesús con la
escena del Niño perdido y hallado en el templo, así en el evangelio de Lucas
están los cinco misterios gloriosos, la anunciación, visitación, nacimiento,
presentación y el Niño perdido en el templo. Al cabo de tres días lo encuentran
en el templo y cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo:
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te
andábamos buscando.» (Lc 2,48). Aquí Lucas nos muestra otra cualidad
personal de María, ella, junto con José, buscaba angustiada a Jesús, María es
una madre solícita, que quiere estar siempre con su Hijo, cuidándolo. Antes
de que la Iglesia existiera como cuerpo religioso ya María amaba, cuidaba y
buscaba a Jesús. Como dijo Juan Pablo II, la fe cristiana antes de ser Petrina
es Mariana; María comenzó a creer en Cristo antes que Pedro y los demás
apóstoles.
El Niño Jesús vuelve a casa con sus padres y Lucas termina
el episodio diciendo: Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a
ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.(Lc
2,51). Vuelve a afianzar la idea de que María es una mujer profunda, que
meditaba las cosas que pasaban en la vida, sobre todo las cosas de Dios, en su
corazón, para luego ir madurando y tratar de hacer la voluntad de Dios. También
nos da a entender que Jesús vivió con María y José, creció como un joven judío
de su época, sujeto a las enseñanzas y obediencia de sus padres, Jesús
progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
(Lc 2,51); lo que le enseñaron ellos lo ayudó a crecer en la gracia de Dios,
en la sabiduría, por lo tanto, junto con José, María es educadora de
Jesús.
También se encuentra la escena de la madre y los hermanos
de Jesús un poco diferente a Mateo y Marcos, el evangelio de Lucas nos dice:
pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra
de Dios y la cumplen.» (Lc 8,21). Evidentemente que para Lucas esto no
significa un rechazo de María por parte de Jesús, sino más bien poner las cosas
en su lugar, así como en el templo cuando Jesús les dice que debía andar en las
cosas de su Padre, también ahora recalca la importancia de Dios por encima de
los lazos familiares, pero María acepta este camino de fe; ella es una fiel
creyente, la mejor de todas, María escucha la Palabra de Dios y la cumple.
Ninguna persona tiene derechos especiales en la Iglesia de Cristo, los derechos
se dan por la fe y el cumplimiento de las cosas de Dios, no hay privilegios para
nadie, y los primeros cristianos se vieron sometidos a las presiones
judaizantes, donde querían que todos fuesen circuncidados, es decir, valorar más
los lazos de los judíos, que además de religiosos eran familiares, por
descendencia de las tribus de Israel. La manera de pertenecer a la verdadera
familia de Jesús es mediante una fe sincera y un sincero amor en las cosas de
Dios, María tuvo esas cualidades mejor que nadie, como Lucas en tantas ocasiones
nos lo indica; aunque parezcan un poco bruscas, María es la primera y mejor
cumplidora de las exigencias de Jesús, los evangelios no concluyen con un
rechazo de María sino al contrario, la figura de María es enaltecida y va
creciendo dentro de los evangelios en la medida que pasa el tiempo de su
elaboración en la Iglesia primitiva.
6.- Hechos de los apóstoles, María en la Iglesia
primitiva.
HECHOS DE LOS APÓSTOLES:
Los Hechos de los Apóstoles, escrito tradicionalmente atribuido también a San
Lucas, nos muestran a María participando plenamente en la primera comunidad
cristiana, eran los primeros creyentes, un grupo no mayor de 30 personas, donde
se derramó el Espíritu Santo y la Iglesia se confirmó definitivamente en la fe,
para comenzar valientemente a predicar en el mundo entero la Palabra de Dios y
su acción por medio de Cristo para salvar a la humanidad. Todos ellos
perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas
mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hch 1,14). De
nuevo utiliza Lucas la expresión clara: “María, la madre de Jesús”, así como “la
madre del Señor”, para diferenciarla de otras Marías; los hermanos (familiares
de Jesús) están presentes junto con María, siempre la acompañan, y también
forman parte de los primeros creyentes. María persevera en la oración
junto con los otros cristianos, cumpliendo el mandato de Cristo de que esperasen
al Espíritu Santo el poder desde lo alto (Lc 24,49). Y María está en
Pentecostés, Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un
mismo lugar. (Lc 2,1) cuando el Espíritu entra en la Iglesia por primera
vez, auque ya había cubierto a María con su sombra, ahora también María
recibe al Espíritu Santo en Pentecostés.
María forma parte de la Iglesia primitiva, participa dentro
de ella, comparte su camino y experiencia de fe, única en la Iglesia, por ser la
madre de Jesús y haber sido la primera persona involucrada en el misterio de
Jesús, antes de que nadie supiera nada de Jesús ya María lo sabía, y ella
permanece fiel junto a Jesús, lo acompaña a lo largo de su vida hasta la Cruz, y
luego sigue dentro de la Iglesia, fiel a la obra de su Hijo, apoyándolo y
ayudándonos a todos nosotros a descubrir verdaderamente la fe cristiana, a creer
y amar sinceramente a Jesucristo porque ella es la persona que más y mejor lo
conoce, lo ama y cree en él. Los Hechos nos enseñan que María estuvo en la
Iglesia desde su origen.
Además podemos agregar que desde el comienzo la Iglesia
cristiana celebró la cena de Jesús, la Eucaristía, y María compartió esta
celebración, ella comulgó el cuerpo de su Hijo, ¿qué habrá sentido María al
comulgar el propio cuerpo de su Hijo? Ella nos puede enseñar a apreciar y
comulgar el Cuerpo de Cristo de la manera más profunda, respetuosa y agradecida.
Podemos concluir que María es la mejor de todas las
cristianas y cristianos de la Iglesia, nadie la podrá superar jamás; ella es
ejemplo y modelo perfecto de la Iglesia, de lo que Dios quiere hacer en la
humanidad. María es la mujer más perfecta tanto del Antiguo como del Nuevo
Testamento.
Preguntas
1.- ¿Cuál es la imagen de María que da el evangelio de
Marcos?
2.- ¿Qué nos dice Mateo acerca de María?
3.- ¿Qué cualidades personales nos enseña Lucas sobre
María?
4.- ¿Es María también una mujer creyente?
5.- ¿Por qué decimos que María está asociada a Jesús en su
obra redentora?
6.- ¿Estuvo María participando en la Iglesia primitiva?
TEMA 4
EL EVANGELIO DE JUAN Y EL APOCALIPSIS
1.- Las Bodas de Caná, María suscita la fe de los
discípulos.
El cuarto evangelio se escribió alrededor del año 90 a 100
después de Cristo, es el más elaborado de todos, tiene muchos elementos
profundos, simbólicos y teológicos. No es sinóptico porque no puede compararse
de la misma manera que los otros tres, auque en síntesis habla de lo mismo, la
vida y obra de Jesús, pero con un mayor desarrollo teológico.
Los lugares donde aparece María son el capítulo 2, las
Bodas de Caná, y el capítulo 19, María a los pies de la Cruz. En las bodas de
Caná María es invitada a una boda, es a través de ella que Jesús asiste a la
misma boda con sus discípulos. En un momento se acaba el vino, y María
interviene haciéndoselo notar a Jesús: No tienen vino (Jn 2,3); Jesús
responde de una manera un poco fuerte: Jesús le responde: «¿Qué tengo
yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» (Jn 2,4). La hora de
Jesús es aquella donde él se va a revelar con su verdadera identidad profunda,
no simplemente un judío, maestro o profeta, sino como el Hijo de Dios. El
evangelista no explica más nada al respecto, sino que María dice a los
sirvientes: hagan lo que él les diga (Jn 2,5) y volvemos a la misma
expresión de la Antigua Alianza: haremos lo que Yahvé nos diga (cf. Ex
19,8. 24,7). Los sirvientes fueron fieles escuchadores de la palabra, obedientes
en la fe, y llenaron las vasijas de agua, al sacarla era el mejor de los vinos;
Juan quiere darnos a entender que creyendo a Jesús y haciendo lo que nos indica
transformaremos nuestra vida, nuestra fiesta de aguada en una fiesta de verdad,
llena de la alegría del Espíritu. Al final de la escena Juan nos dice: Así,
en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y
creyeron en él sus discípulos. (Jn 2,11). Con esto Juan está señalando que
la fe de los discípulos en Jesucristo, no solamente como maestro judío sino como
Hijo de Dios, comenzó por una intervención especial de María, el ser cristiano
significa esencialmente creer en Jesús, no como hombre, sino como el Hijo de
Dios, y ése es el cambio del agua en vino. La vida del cristiano cambia cuando
entra en la fe cristiana auténtica, pasa de ser aguada a ser una vida llena de
la gracia de Dios, llena del vino del Espíritu. Por lo tanto para Juan la figura
de María se profundiza aún más que en Lucas, por ella comienzan a creer los
discípulos, que son los futuros apóstoles, cuya fe es la que nosotros
profesamos, la fe apostólica, pero antes de esa fe, María intervino para que
ellos encontraran esa auténtica fe cristiana. María suscita la fe de los
apóstoles con su intervención en las bodas de Caná.
2.- María junto a la Cruz, la maternidad espiritual de
María.
En la escena de la Cruz, capítulo 19, María está junto con
el discípulo amado y otras mujeres, fieles a Cristo hasta el final, mientras que
la mayoría se escapó por miedo a la represión. Éste es el momento más importante
para los cristianos, el momento de la Cruz, donde Cristo nos redime con su
sangre y allí Juan pone a María de una manera muy significativa y profundamente
simbólica. Allí Jesús se dirige a María con las palabras: «Mujer, ahí tienes
a tu hijo.» y al discípulo amado dice: «Ahí tienes a tu madre.» y
luego el evangelista concluye: Y desde aquella hora el discípulo la acogió en
su casa. (Jn 19,25-26). Con esto el evangelista nos quiere decir que Jesús
le entrega a María un nuevo hijo, porque él, Jesús, está muriendo, y le pide a
ella que así como le ama a él, ame al discípulo amado, que nos representa a
todos los discípulos amados, los que amamos a Jesús con fidelidad; al mismo
tiempo entrega al discípulo su amada madre, para que la reciba y la cuide, la
acepte en su corazón como a su propia madre, y concluye afirmando que desde ese
momento el discípulo la acogió en su casa, tanto María como el discípulo amado
escuchan la Palabra de Jesús y le obedecen con sinceridad, en la nueva
obediencia de la Nueva Alianza, la que supera la desobediencia de Adán y Eva,
María se presenta como la madre de todos los creyentes en Cristo, la Nueva Madre
de los Vivientes, de los que viven por Cristo, de los redimidos por el Cordero
que dio su vida en la Cruz, de los que están dentro de la Nueva y Eterna
Alianza. Para el evangelio de Juan, María es la madre de los discípulos de
Cristo.
Además el evangelista nos está indicando que María no
tiene otros hijos que se ocupen de ella, sino que sus hijos son muchos, los
discípulos de Jesús, que van a cuidar de ella y la tendrán para siempre en el
corazón de su fe cristiana. Desde el comienzo de la Iglesia y ya en el evangelio
de Juan, María fue tomando una importancia mayor, su rol de madre de Jesús llegó
a la plenitud de su vocación, ella transformó su maternidad natural en la
maternidad espiritual de toda la Iglesia, pasando por la prueba de la Cruz,
sufriendo la pasión de su Hijo con su corazón puro y limpio de madre, y
asumiendo el nuevo reto, la nueva vocación que Dios le pidió por medio de su
Hijo, ser la madre de todos nosotros. Así las dos cosas se unen en una sola, la
maternidad biológica de María no es obstáculo, al contrario, es origen y
comienzo de su vocación definitiva de madre espiritual. En este pasaje de Juan
se basa la fe de que María es madre de la Iglesia.
3.- El Apocalipsis, libro de esperanza. La mujer
glorificada en Dios.
El APOCALIPSIS
El Apocalipsis de Juan es el libro más nuevo del Nuevo
Testamento, alrededor del año 100 después de Cristo; fue escrito para tiempos de
persecución y tiene muchos elementos simbólicos, lo que llamamos el lenguaje
apocalíptico, que incluye imágenes fantásticas y el desarrollo de la lucha
definitiva entre las fuerzas del mal y el bien. El Apocalipsis es un libro de
esperanza, para sostener a los cristianos perseguidos en su lucha por la fe,
para darles ánimo, y para indicarles que a pesar de las apariencias al final
triunfará Dios y los que lo siguen, pasando por muchas tribulaciones,
acompañando al Cordero, recibirán la herencia prometida, entrar en el Reino de
Dios para siempre.
El capítulo 12 del Apocalipsis nos habla de la Mujer
vestida de sol: Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del
sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza;
está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a
luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete
cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. (Ap 12,1-3). La
mujer del Apocalipsis puede representar tanto a la Iglesia como a María, porque
ella es la Iglesia en su comienzo, es la primera creyente cristiana y la que
nunca cayó en las manos del mal; el dragón es la misma antigua serpiente, que
trata de eliminar a la mujer, porque el que nace de ella lo va a vencer; el
pecado ya no tiene poder sobre los redimidos; la caída de Eva y Adán se
recuperan, la lucha entre el mal y el bien se resuelve con la obediencia de la
mujer que está en la gloria de Dios, y es a la vez María y la Iglesia. La figura
de la mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y estrellas en derredor
indica que está en la gloria de Dios; esta imagen ayuda a entender mejor la fe
de la Iglesia en María Asunta a los cielos en cuerpo y alma.
4.- La lucha entre el mal y la Iglesia.
El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a
luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.
(Ap 12,4). Nos recuerda cuando Herodes trata de matar al
niño Jesús, la furia de Herodes viene de un odio más profundo, que trata de
matar al Mesías libertador que lo iba a vencer. Jesús permaneció fiel al Padre,
y aunque el demonio lo tentó en el desierto (cf. Mc 1,13, Lc 4,2), nunca se
apartó del Padre, siempre fue fiel y obediente, el Dragón no pudo vencerlo.
Jesús muere en la Cruz y el demonio aparentemente gana la lucha pero en realidad
es vencido por Dios justamente allí donde despliega todo su odio y violencia
cuando Cristo resucita de la muerte.
La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a
todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y
hasta su trono. (Ap 12,5). Claramente se refiere
a Cristo, el Rey del universo que ascendió a la derecha del Padre, y la mujer
por lo tanto es María, quien a pesar de las circunstancias adversas dio a luz a
Jesús; ella está totalmente dentro del equipo de Jesús, el mal también trata de
destruirla pero ella nunca cae en ese mal, nunca comete pecado, siempre se
mantiene fiel a su Hijo. Ella es Inmaculada, toda santa.
Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la
tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón.
(Ap 12,13). El demonio quiere acabar con la mujer porque no ha podido con el
Hijo, María tampoco cae, se mantiene pura y sin mancha hasta el final, el mal
ataca entonces a los discípulos de Cristo, a la Iglesia, para tratar de
detenerlos. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al
resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el
testimonio de Jesús. (Ap 12,17). Así el Apocalipsis nos muestra que los
seguidores de Jesús también se enfrentan al mal, y forman un cuerpo, la Iglesia,
donde está incluida María como la primera y fiel discípula, la que más nos ayuda
en esa lucha contra el mal. María nos ayuda a luchar contar el mal y
vencerlo, en Cristo y por Cristo.
5.- María la Madre del Cordero.
Al final Dios dará su recompensa a su fieles, los que han
sido fieles al Cordero, el Apocalipsis nos muestra la figura femenina, la
Jerusalén celestial, la ciudad de Dios, donde ya no existe el mal. Los
cristianos deben pasar muchas tribulaciones para entrar en ese reino celestial.
Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa
de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, y tenía la gloria de Dios.
(Ap 21,10-11).
La Jerusalén celestial es la Iglesia fundada por Jesucristo
en los apóstoles La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que
llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero. (Ap 21,14), ya en el
Reino de Dios no hace falta nada, Pero no vi Santuario alguno en ella; porque
el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario. (Ap 21,22),
el Cordero es Cristo, que ha cumplido su misión y está con el Padre, María es
la madre del Cordero que quita el pecado del mundo. La ciudad no necesita
ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su
lámpara es el Cordero. (Ap 21,23). Ya el mal no va a prevalecer, no habrá
noche, solamente la luz, la pureza de Dios, su caridad infinita para siempre, ya
el mal ha sido vencido por la fidelidad de Cristo, el Nuevo Adán que ha sido
fiel y obediente y ha sido glorificado por el Padre. Se ha completado así la
obra de salvación de Dios; lo que se perdió en Adán y Eva se recuperó en Jesús y
en María, que es la primera redimida, la primera donde la restauración de Dios
se hizo concreta. La desobediencia de Eva, que hizo entrar el pecado en el
hombre para perderlo, ha sido restaurada por la obediencia de María que hizo
entrar al Verbo de Dios en la humanidad para salvarla. María está llena del
Cordero, llena de gracia, iluminada para siempre con la luz del Cordero, su
amado Hijo.
6.- Triunfar en la Iglesia de Cristo junto con María
Sus puertas no se cerrarán con el día - porque allí no
habrá noche - y traerán a ella el esplendor y los tesoros de las naciones.
Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino
solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
(Ap 21,25-27). Aquí se refleja la pureza de Dios, su Reino, la Iglesia, y
también María, donde nada del mal entra, y todos los pueblos de la tierra le
rendirán sus dones, su agradecimiento, porque no hay maldad en este lugar. Todas
las gentes también agradecerán a María porque ella luchó contra el mal y nos
ayudó a vencerlo para entrar en el reino del Cordero, su Hijo Jesús. Cuando los
pueblos se acercan a María y caminan con ella en procesión, cuando le rinden
amor y veneración, cuando le piden de corazón que interceda, están sintiendo
esta benevolencia de María que ha luchado y sigue luchando contra el mal para
que todos logremos la salvación, estar con María es estar con Jesús, ella nos
ayudará siempre, pero debemos caminar el camino de la fe cristiana, no dejar
nuestra responsabilidad de conversión pensando que ella va a sustituirnos, al
contrario, ella va a ayudarnos a cada cual a enfrentar el mal, a creer en su
Hijo, el Cordero sin mancha, que lo tuvo desde el comienzo en su vientre casto,
y ahora reina con el Padre y el Espíritu eternamente. Que María nos ayude a
caminar en la fe para entrar en la Jerusalén celestial donde la lámpara es el
Cordero. Amén.
Preguntas
1.- ¿Es María creyente cristiana antes de los discípulos?
2.- ¿Por qué María es nuestra madre espiritual?
3.- ¿Crees que María vive en la gloria de Dios?
4.- ¿Nos puede ayudar María a luchar contar el mal?
5.- ¿Qué sientes del Cordero de Dios, el Hijo de María?
6.- ¿Cuál es la esperanza más profunda que Dios te ha
sembrado en el corazón?
APENDICE:
María, madre, discípula y misionera (Documento de
Aparecida)
161. María, por su fe (cf. Lc 1, 45) y obediencia a la
voluntad de Dios (cf. 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra
y de las acciones de Jesús (cf. 2,19.51), es la discípula más perfecta del Señor
(cf. LG 53). Tuvo un papel único en la historia de salvación,
concibiendo, educando y acompañando a su hijo hasta su sacrificio definitivo. En
la figura de la Madre junto a la cruz (cf. Jn 19, 25-26) se simboliza la
misericordia entrañable de Dios, que vibra en el corazón materno ante el dolor
del Hijo y de todos los hijos. Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos,
representados por Juan, el don de la maternidad de María. Ella, como Madre de
tantos hermanos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la
reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se
experimenten como una familia, la familia de Dios.
El desarrollo del tema desde el enfoque bíblico se
encuentra en un material de apoyo que publicó en la serie del CELAM: Colección
Quinta, Conferencia, Biblia, sobre el tema del discipulado en la Palabra. Sobre
María se publicó de Carlos G. Álvarez, María discípula de Jesús y mensajera
del Evangelio, Ed. Paulinas Bogotá-Colombia, 2005.
El autor estudia la presencia de María en los cuatro
Evangelios la manera como Ella
aparece de forma progresiva y cada vez de una manera
sencilla pero profunda. La comunidad cristiana primitiva quedó marcada no solo
por la realidad de Jesús de Nazaret el Mesías esperado, sino que también recibió
un impacto silencioso pero duradero por la fiel y amorosa presencia de María la
madre de Jesús.
Después de la vida escondida en Nazaret donde Jesús y María
con José compartieron el mismo misterio encarnado desde la realidad familiar,
pequeña iglesia doméstica, en los evangelios aparece esencialmente ya no solo
como mamá de Jesús, sino en su proceso y camino de fe que la transforma.
Sintéticamente el autor revisa los cuatros evangelios y
describe en cada uno de ellos la característica discipular y misionera
sobresaliente: en Marcos es la María Madre, invitada al discipulado de Jesús Mc
3, 31-35, en Mateos es la María discípula Mt 12, 46-50, siempre junto a Jesús,
en Lucas es la discípula de Jesús en el camino de la vida Lc 8, 19-21, en Juan
es la discípula comprometida y don maternal de la Pascua Jn 19, 25-27. El
misterio de amor de Dios se había revelado en una sencilla mujer de Israel y se
había hecho persona entre nosotros. Después de la vida escondida en Nazaret
donde Jesús y María con José compartieron el mismo misterio encarnado desde la
realidad familiar, pequeña Iglesia doméstica, en los evangelios aparece
esencialmente ya no solo como mamá de Jesús, sino en su proceso y camino de fe
que la transforma. En Marcos es la María Madre, invitada al discipulado de
Jesús, en Mateos es la María discípula, siempre junto a Jesús, en Lucas es la
discípula de Jesús en el camino de la vida, en Juan es la discípula comprometida
y don maternal de la Pascua
En el libro de los Hechos al comienzo
de la vida de la Iglesia María está en oración con los familiares y los
discípulos unidos en el mismo Espíritu en oración, a la espera del Paráclito
Hechos 1, 14.
Al final en la Apocalipsis María es la
mujer figura de la Iglesia que gime dolores de parto por el Hijo varón y por los
hijos de Dios seguidores discípulos de Cristo que van a ser perseguidos por el
dragón, en la lucha espiritual entre el bien y el mal Ap 12, 1-17.
El autor no incluye la dimensión mariológica en las cartas
paulinas que en breve se pueden resumir de la siguiente manera. Si revisamos San
Pablo descubrimos a María como la mujer de la plenitud del tiempo Gálatas 4,4-5
relacionada a Jesús nacido bajo la ley, es decir en obediencia a la ley y a los
profetas, para que todos pudiéramos recibir el Espíritu de Hijos adoptivos y así
poder clamar Abba Padre Gal 4, 4-6. María vio en su corazón y en su vida
la presencia de Dios y creyó que las promesas. Por esto ella a lo largo de toda
su existencial terrenal primero y después celestial se ha mantenido presente en
el acto de fe de la Iglesia en Cristo. San Pablo recoge todo este camino
especial de la fe María presentándolo en la carta a los Gálatas desde la
encarnación fruto de las promesas hasta la Jerusalén celestial, la que es
nuestra Madre la de Arriba Gal 4, 26-28..
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