LA INCULTURACIÓN


Hablar de antropología cristiana cuando se toca el tema de la devoción mariana, significa hablar del proceso de la inculturación de la fe.[38] Juan Pablo II en la Carta Encíclica Slavorum Apostoli, la define de la siguiente manera: “La inculturación es la encarnación del evangelio en las culturas autóctonas y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia.”[39] La presencia de la figura femenina de María se relaciona con los contenidos evangélicos y se expresa con los términos culturales. Por eso se le puede entender como el encuentro entre palabra, cultura y situación humana. San Pablo intentó realizar una inculturación en el areópago de Atenas, (cfr. Hechos 17,19-34), y adaptó la predicación de la revelación a la realidad de la búsqueda de la verdad de los griegos. Toda inculturación es parte de un proceso evangelizador que implica una purificación[40] y un proceso permanente.[41]

Podemos entender mejor ahora lo que es la inculturación de la figura de B.V. María en los diversos pueblos de la tierra. María se adapta a cada lugar en su lenguaje, su raza, su vestidura; en todo, menos en el pecado. Ella hace entender lo que quiere transmitir en el lenguaje y mentalidad de cada pueblo donde interviene.

Inculturación significa entrar en la cultura, in culturare, ponerse dentro de la cultura de un pueblo.[42] La cultura no es cualquier cosa; es el ambiente propio donde se vive, se comunica, se expresa todo un pueblo; abarca todos los aspectos de la vida humana, hasta la forma de comer, de relacionarse entre personas, como familia, etc. Se puede definir como el itinerario de un pueblo hacia los planes salvíficos de Dios Amor manifestados en Cristo.

El proceso histórico-social de los pueblos se mantiene dentro de esa cultura y evoluciona dentro de ella. Lo trascendental penetra las culturas y las va llevando a la plenitud de la gracia, sin perder su propia personalidad cultural. Los pueblos reconocen en el fondo esa salvación propuesta desde fuera de ellos mismos, que viene de lo alto, pero al mismo tiempo la adoptan de tal manera que se transforma en una identidad cultural antropológica social religiosa propia de ellos. De esa manera la fe queda dentro del dinamismo de los pueblos y su búsqueda de la salvación verdadera como un elemento fundamental que les va ayudando a lo largo de su historia a ir hacia Dios y convertir esa historia en historia de la salvación, de la redención y no simplemente en su historia del mundo.[43]

El ejemplo del pueblo azteca, que cada día sacrificaba al sol seres humanos y les ofrecía el corazón palpitante para que siguiera la vida. La virgen María, que en esta advocación se llama Guadalupe, les dice en su idioma que ya no hagan ese sacrificio, que ella le va a ofrecer a Dios el corazón de su Hijo y que con esa ofrenda ya es suficiente para satisfacer a Dios. Después de esto los aztecas dejaron de realizar estos sacrificios humanos. La Virgen María entró de tal manera en la identidad del pueblo mexicano que incluso se dice comúnmente que antes de mexicano es guadalupano y sabemos lo que implica para ellos ser mexicanos, su fuerte cultura e identidad como pueblo y país.[44]

La Virgen María habló en Náhuatl, el idioma del indio Juan Diego, ahora San Juan Diego, y sus rasgos son mestizos, como la mezcla que iba a ser el pueblo mexicano, anunciando así la unión de los pueblos en un pueblo futuro donde el Dios verdadero iba a estar presente en la cultura de ese pueblo.[45]

Lo mismo podemos decir de la Coromoto, aunque con menos detalles precisos, sin embargo la Virgen se aparece y motiva a los indígenas, hablándoles seguramente en su propio lenguaje, para que vayan donde los blancos, el otro pueblo, a recibir algo que los iba a salvar, agua en la cabeza (el bautismo) para ir al cielo.[46] El mensaje se centra en el sacramento de iniciación que da el sentido real de pertenencia: el envío significa el entrar en la fe cristiana por gracia del Dios, gracia que se revela a todos los habitantes de la tierra, para transformarlos del ser solamente pueblo natural y humano, en pueblo de Dios, en especial con las apariciones coromotanas en Venezuela, caminando hacia la casa del Padre. Al insertarse providencialmente dentro de cada cultura el elemento de la fe en Cristo, que como Hijo de Dios entrega a su madre para que todos puedan ser hijos y hermanos igual que Él, se adquiere la conciencia histórica de que hay Alguien, fuera del yo, que ama y que da su vida por todos, por lo cual va a llegar la verdadera salvación.[47]

El mensaje tiene vigencia actual sobre la importancia del proceso de renovación de la fe porqué el drama teológico de la incredulidad se sigue viviendo, entre la tendencia a permanecer en sí mismo, autosuficiente, y el descubrir la verdad profunda de la gracia. Quien va a vencer el mal es el Mesías, quien dio su vida en la cruz para salvar a todos los pueblos a todas las culturas, incluso la venezolana. El drama de salvación arranca concretamente en la historia del cacique Coromoto, quien rechaza la fe en Dios, pero al final de su vida una serpiente lo muerde y antes de morir pide ser bautizado e invita a todos a hacer lo mismo. Cuando llega el momento final, de enfrentarse a esa realidad radical en la cual tenemos que reconocer que no somos dioses, el Cacique reacciona, o saca afuera algo que ya iba madurando desde hacía muchos años, y llega a confiar en aquel mensaje de la Bella Señora para salvarse, entregándose a alguien fuera de sí mismo y recibiendo la gracia de Cristo.[48]

Este aspecto del cacique Coromoto tiene un significado importante para la antropología del venezolano, hay que profundizar para descubrir cómo la gente está rechazando la fe y al mismo tiempo la está buscando, un pueblo en el fondo fuerte aunque parezca suave; que aparentemente está aceptando las cosas de Dios pero en el fondo se rebela a ellas, pero no lo demuestra mucho.

El descubrir finamente el proceso de inculturación en Venezuela nos va a ayudar a la evangelización con María, puesto que ella está inscrita en el comienzo de nuestra historia de salvación como pueblo y esto debe tener un significado profundo e importante, ella de hecho, es la Patrona Nacional, bajo la advocación de Nuestra Señora de Coromoto.

Los pueblos amerindios tienen una antropología con tendencia hacia lo matriarcal, esto es evidente en Venezuela, se han hallado muchas veces en diversos lugares de Venezuela las estatuillas de deidades femeninas, lo cual implica una estructura antropológica donde la mujer es el centro de la familia, lo femenino es lo máximo de la sociedad. Las familias giran alrededor de la madre; lo que ella diga es casi incuestionable. Mientras que el padre tiene un menor importancia en este tipo de antropología social.[49]

La inculturación de lo mariano tiene por lo tanto una importancia fundamental; está ligado a lo profundo de las raíces de nuestro pueblo, a sus raíces ancestrales, no solamente las raíces que vinieron de Europa, sino también y sobre todo las que provienen de aquí, de las culturas indígenas autóctonas, mayoritariamente matriarcales, además de las africanas que se les unieron, que también son muchas veces matriarcales.

El libro del Génesis nos narra el comienzo de la historia de salvación con la figura de una pareja, Adán y Eva, y apunta a la figura de un nuevo Adán, Cristo, el Mesías que pisará la cabeza del demonio, pero además a una mujer que estará unida a él, porque habla de “tu descendencia”, por lo cual se refiere también, en lenguaje bíblico escatológico, a la figura de María, la Nueva Eva, la Madre del Mesías.

La inculturación de María representa algo central y fundamental en la historia de salvación de nuestros pueblos, que está ligado a su origen bíblico y donde la figura femenina está ayudando en la obra de la redención, la nueva creación, al nuevo Adán en el nacimiento, el crecimiento y la maduración de la Iglesia hacia su pleroma definitivo.


[38] “La antropología cristiana anima y sostiene la obra pastoral de la inculturación de la fe, dirigida a renovar desde dentro, con la fuerza del Evangelio, los criterios de juicio, los valores determinantes, las lineas de pensamiento y los modelos de vida del hombre contemporáneo.”, Conferencia Episcopal Venezolana, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, Caracas Venezuela 2006, n. 523, pág. 318. 

[39] Juan Pablo II, Carta Encíclica, Slavorum Apostoli, Roma 2 de junio del 1985, n. 21.

[40] Documentos del Concilio Vaticano II: Lumen Gentium, nn. 13, 17; Gaudium et Spes, nn. 2, 58.

[41]

[42] ”El esfuerzo misionero….comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo, continúa con el establecimiento de comunidades cristianas , signo de la presencia de Dios en el mundo, y en la fundación de Iglesias locales, se implica en el proceso de inculturación para así encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos..”, C.E.C. n. 854.

[43] “La piedad popular está caracterizada, naturalmente, por el sentimiento propio de una época de la historia y de una cultura…,(por lo cual), la religiosidad popular es la primera y fundamental forma de inculturación de la fe, que se debe dejar orientar continuamente y guiar por las indicaciones de la Liturgia, pero que a su vez fecunda la fe desde el corazón.”, en Congregación para el culto Divino y la Disciplina de los sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, Ed. Trípode Caracas-Venezuela 2002, n.91, cfr. 103: (J. Ratzinger, Commento teologico, en Congregación para la doctrina de la fe, Il messaggio di Fatima, Librería Editrice Vaticana, Cittá del Vaticano 2000, p. 35), 76.

[44] Juan Pablo II, Documento Post-Sinodal, Ecclesia in America, Ciudad de México 1999, n. 11.

[45] “Cuando la Virgen de Guadalupe se apareció al indio Juan Diego le dijo estas significativas palabras: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?¿no estás bajo mi sombra y resguardo?,¿ no soy yo la fuente de tu alegría?, ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” (Nican Mopohua, nn. 118-119), Benedicto XVI, en C.E.L.A.M., Documento de Aparecida, Discurso en la sesión inaugural de Vº Conferencia Salón de conferencias del Santuario de Aparecida, Brasil  13 de mayo de 2007, n.1.

[46] Monseñor Omar Ramos Cordero, Nuestra Señora de Coromoto y su mensaje teológico, en Nuestra Señora de América, Tomo Iº,  C.E.L.A.M. Bogotá febrero 1988, 439-456.

[47] Conferencia Episcopal Venezolana, Carta Pastoral por los 350 años de las apariciones de Nuestra Señora de Coromoto, C.E.V.  Caracas 2003.

[48] Pedro P. Bartola S.J., La Santísima Virgen y Venezuela, Imp. Carol Merida 19943, Caracas 20-26; Hno. Nectario María, La maravillosa historia de Nuestra Señora de Coromoto, Editorial Venezuela Caracas 1942.

[49] Conferencia Episcopal Venezolana, Concilio Plenario de Venezuela Documento:”Iglesia y Familia: presente y futuro”, C.E.V. Caracas 2006, parte Iº: el Ver. nn. 5-11.


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