ZENIT, 17 de junio de 2001
Documentación
viva de la Iglesia
LA
EUCARISTÍA: «DIOS EN EL HOMBRE, EL HOMBRE EN DIOS»
Palabras de Juan Pablo II en su encuentro dominical con los peregrinos
CIUDAD DEL VATICANO, 17 junio 2001 (ZENIT.org).- En este domingo, en el que
muchos países del mundo celebraron la fiesta del «Corpus Christi», Juan Pablo
II recordó que la Eucaristía es «tesoro más precioso que Cristo Señor ha dejado
en herencia».
Este misterio, que se resume en la fórmula «Dios en el hombre, el hombre en
Dios», es al mismo tiempo, según el pontífice, el mejor antídoto para que el
amor de los cristianos por sus hermanos no quede «contaminado por el egoísmo».
Ofrecemos, a continuación, la intervención íntegra pronunciada por Juan
Pablo II este domingo, a mediodía, antes de rezar la oración mariana del
«Angelus» desde la ventana de su estudio que se asomaba hacia los miles de
peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano.
¡Queridos hermanos y hermanas!
1. Mantengo todavía vivo
el recuerdo de la devota celebración eucarística que pude presidir el jueves
pasado, solemnidad del «Corpus Domini», en la Basílica de San Juan de Letrán, y
de la sucesiva procesión solemne, que se concluyó en Santa María La Mayor. Por
razones pastorales, esta bella y tradicional fiesta en Italia y en muchos
países se celebra hoy, domingo.
La comunidad eclesial se aprieta en adoración en
torno al tesoro más precioso que Cristo Señor le ha dejado en herencia: el
sacramento de la Eucaristía, memorial perpetuo de su sacrificio redentor.
El «Corpus Domini» es fiesta de sugerentes
resonancias populares, ligadas sobre todo a la tradición sumamente elocuente de
acompañar en procesión el Santísimo Sacramento por las calles de las ciudades y
de los pueblos. Es fiesta de alegría, por el don maravilloso del Pan al que
Cristo ha ligado su promesa de vida eterna: Pan que es realmente su carne, es
decir, su humanidad, a través de la cual Dios santifica los corazones, las
personas, las comunidades, las naciones y el cosmos entero.
La Eucaristía se convierte de este modo en
principio de nueva humanidad y del mundo renovado, cuya plena manifestación
tendrá lugar al final de la historia. Sin embargo, ya desde ahora, crece como
semilla y levadura del Reino de Dios.
2. Carácter distintivo
de la nueva humanidad redimida por Cristo es la plenitud del amor fraterno. En
realidad, la Eucaristía es el Sacramento del amor por excelencia, entendido
como don de sí. Sin el alimento espiritual que proviene del Cuerpo y de la
Sangre de Cristo, el amor humano queda siempre contaminado por el egoísmo. La
comunión con el Pan del cielo, por el contrario, convierte los corazones e
infunde en ellos la capacidad de amar como nos ha amado Jesús.
«Comunión»: esta palabra con la que con
frecuencia nos referimos a la Eucaristía es, en este sentido, sumamente
significativa. Quien recibe con fe el Cuerpo de Cristo se une íntimamente a Él,
y en Él, a Dios Padre, en el amor del Espíritu Santo. Dios en el hombre, el
hombre en Dios. Y esto se convierte en el auténtico fundamento de la comunión
en la Iglesia. Como escribe el apóstol Pablo a los Corintios: «Porque aun
siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de
un solo pan» (1 Cor 10,17).
3. Jesús, Pan de vida
eterna, ha bajado del cielo gracias a la fe de María Santísima. Después de
haberle llevado en su seno con inefable amor, siguió fielmente al Verbo
encarnado hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a María que nos ayude a
redescubrir el carácter central de la Eucaristía, especialmente en el día del
Señor, para vivir en plenitud la comunión fraterna. Pidámosle a ella, además,
que nos conduzca hacia la unidad. Quisiera confiar a María de manera muy
especial la próxima peregrinación que realizaré a Ucrania a partir del sábado
próximo. Que este viaje apostólico pueda marcar una nueva etapa en el camino
hacia la auspiciada unidad de todos los cristianos.
N.B.: Traducción del italiano realizada por
Zenit.
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